“Se trata de un acto de violencia cobarde e inconcebible que se ha cobrado la vida de un gran número de civiles en un centro que de ninguna manera puede justificarse como objetivo militar. Pakistán ahora intenta disfrazar una masacre como una operación militar”, declaró el Ministerio de Exteriores indio en un comunicado.
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Nueva Delhi, que ha estrechado lazos con el régimen talibán en los últimos meses tras una visita de su cúpula a la capital india en octubre, reiteró su “apoyo inquebrantable” a la soberanía afgana.

El Gobierno de Pakistán confirmó la autoría de los ataques en territorio afgano, pero desmintió tajantemente haber golpeado un hospital y calificó de “mentiras constantes” la versión de los talibanes, asegurando que el edificio era en realidad un nido “terrorista” del grupo Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) que albergaba armamento pesado.
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Según el Ministerio de Información paquistaní, las detonaciones en cadena registradas tras el impacto prueban que el complejo funcionaba como depósito de municiones de los grupos a los que acusan de operar en su territorio contra civiles y fuerzas de seguridad.
El Ministerio de Información paquistaní señaló que en el lugar se encontraban también operativos de “Fitna al-Khawarij”, un término que usa su ejército para insurgentes que considera peones que la India utiliza para desestabilizar Pakistán desde Afganistán.
Islamabad aseguró que continuará su ofensiva “hasta que se alcancen los objetivos previstos”, al tiempo que el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, dio por muerta la vía diplomática tras el ataque y anunció represalias militares. Ambos vecinos han advertido anteriormente que están preparados para un conflicto “prolongado” en sus fronteras.

La crisis actual profundiza la brecha abierta en mayo pasado, cuando un atentado contra 26 turistas en la Cachemira india arrastró a Islamabad y Nueva Delhi a su choque militar más crítico en décadas, en una escalada que desestabilizó la región y activó todas las alarmas de la comunidad internacional.
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El conflicto actual entre Afganistán y Pakistán, que estalló el mes pasado y es ya el peor entre ambos vecinos en décadas, se recrudece a pocos días de la festividad que pone fin al Ramadán y bajo la sombra de una guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán que ya se ha cobrado la vida de miles de personas.
