"El fraude es, en esencia, un delito de comunicación", explicó este martes Elisabeth Carter, experta en prevención del fraude, durante la Cumbre Global contra el Fraude, organizada por Naciones Unidas e Interpol en Viena.
Según explicó la criminóloga y lingüista forense en un panel de expertos, las estafas no se producen de forma repentina, sino a lo largo de un proceso en el que los delincuentes construyen una narrativa diseñada para manipular emocionalmente a la víctima.
Este proceso suele comenzar con un primer contacto aparentemente inocente y avanza hacia una fase de presión psicológica, donde entran en juego la urgencia, el secretismo o la promesa de una recompensa, para llegar finalmente a una transacción económica.
"Las víctimas, manipuladas, entregan su dinero a los delincuentes de forma voluntaria", señaló Carter, que investiga en la Universidad de Kingston en Londres.
En realidad -agregó- las víctimas operan en una situación "distorsionada" donde sienten que toman decisiones razonables y que envían su dinero por "buenos motivos", algo que repercute sobre su estado psicológico y les provoca luego un sentimiento de culpa.
Uno de los efectos de esa "manipulación emocional" es la falta de denuncias ante las autoridades, lo que complica la investigación de esos delitos.
Para combatir el fenómeno, Carter propone un cambio en la forma de comunicar sobre el fraude, que en lugar de mensajes "genéricos o moralizantes" abogue por un lenguaje que refleje la realidad del delito: manipulación, engaño y abuso.
"Los delincuentes no solo explotan a los sistemas, sino también a las personas", subrayó la criminóloga.
Ideas de este tipo se recogen en el manual de la ONU presentado en la cumbre, que propone reformular las campañas de prevención con mensajes que ayuden a las víctimas a identificar señales emocionales como sensación de urgencia, presión para mantener el secreto o incomodidad al compartir la situación con alguien de confianza.
Desde el sector bancario, el jefe de prevención de fraude del banco Santander, Chris Ainsley, aseguró que la estrategia de la entidad española -uno de los patrocinadores de la cumbre- no se centra sólo en tecnología de detección sino en formación continua a los clientes.
Según Ainsley, "compartir los detalles de los delitos entre todos los actores del ecosistema" es fundamental para comprender y recopilar información de cómo funcionan los fraudes.
De esta forma, se puede actuar de forma "verdaderamente preventiva" y conseguir un efecto disuasorio antes de que ocurran las estafas, concluyó el responsable de prevención de fraude del Santander.
Informar bien a la ciudadanía no sólo aumenta la concienciación de las posibles víctimas, sino que también puede tener un efecto directo sobre quienes cometen estos delitos.
Un ejemplo expuesto en el panel es el caso de la Contraloría General de Chile, que tras detectar un fraude masivo con bajas médicas por parte de médicos corruptos optó por difundir los resultados de una auditoría en un documento breve y comprensible para la ciudadanía.
Según explicó Dorothy Pérez, abogada de la Contraloría, la difusión de los datos y la advertencia de que los controles se repetirían de forma periódica provocaron un efecto disuasorio inmediato, con una notable caída en la emisión de licencias irregulares y un ahorro de cientos de millones de dólares.
