El acuerdo fue anunciado desde Camberra por el primer ministro australiano, Anthony Albanese, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
A continuación las claves del pacto:
El sector agrícola ha sido uno de los escollos durante las negociaciones, con intensas discusiones sobre cuotas y aranceles.
En lo que respecta a la carne de vacuno, Australia rebajó sus aspiraciones y pasó de solicitar acceso sin aranceles para 50.000 toneladas anuales a aceptar un cupo de 30.600. Aproximadamente la mitad quedarán libres de gravámenes y el resto estará sujeto a un arancel del 7,5 %.
Asimismo, Bruselas acordó eliminar aranceles para 25.000 toneladas de carne de cordero y cabra.
La UE abrirá un contingente arancelario de 35.000 toneladas de azúcar de caña en bruto destinado al refinado, que se importará libre de aranceles.
En cuanto a los lácteos, uno de los productos más sensibles para la UE, estarán protegidos por cuotas modestas: en concreto, 8.000 toneladas de leche desnatada en polvo, 5.000 toneladas de mantequilla y 2.000 toneladas de concentrados de proteína de suero.
También se concederá un acceso limitado al arroz mediante una cuota de 8.500 toneladas, que comenzará con 5.000 toneladas en el momento de la entrada en vigor y contará con un período de introducción gradual de cinco años.
Para la UE, los aranceles se reducirán a cero en productos como el vino y vino espumoso; algunas frutas y hortalizas, incluidas las preparaciones y los zumos de frutas; chocolate; y productos de confitería y helados, entre otros.
Los productores de vino australianos podrían ahorrar unos 37 millones de dólares australianos (22 millones de euros) en aranceles, de acuerdo con estimaciones oficiales.
El acuerdo protegerá 165 indicaciones geográficas de productos agrícolas y alimenticios y 231 de bebidas espirituosas de la UE en Australia, entre las que se incluyen el whisky irlandés o el queso manchego.
Como los productores australianos utilizan ampliamente algunos términos que entran en conflicto con una serie de nombres de indicaciones geográficas protegidas de la UE, algunos quedarán plenamente protegidos tras períodos relativamente cortos como es el caso del Pecorino Romano (a nivel minorista) o el Vinagre de Jerez.
En otros casos, como el de los quesos Feta o Gruyère, el pacto prevé la posibilidad de utilizarlos (cláusula de derechos adquiridos), pero con una estricta disciplina de etiquetado.
En cuanto al vino gaseoso "prosecco", prevé un periodo de diez años para que deje de utilizarse el término.
El pacto elimina los aranceles para todos los bienes industriales australianos exportados a la UE, lo que beneficiará a sectores como minería, energía y manufacturas.
Australia facilitará la inversión europea, especialmente en minería y procesamiento de minerales críticos como litio y manganeso, fundamentales para tecnologías limpias y defensa.
A su vez, Australia eliminará aranceles para casi todos los productos europeos, con la excepción del acero, lo que ampliará el acceso de bienes como automóviles, maquinaria o productos farmacéuticos.
El acuerdo incluye medidas para facilitar el comercio de servicios. Empresas australianas podrán operar con mayor facilidad en Europa, mientras se refuerzan las garantías para la inversión extranjera y se reducen barreras regulatorias.
Los inversores de la UE gozarán del trato más favorable que se concede a cualquier inversor extranjero en Australia y, en la mayoría de los casos, recibirán el mismo trato que los inversores australianos.
Las exportaciones europeas a Australia podrían crecer hasta un tercio en la próxima década, alcanzando unos 17.700 millones de euros anuales y generando un ahorro de alrededor de 1.000 millones de euros en aranceles cada año.
Según Camberra, el acuerdo tendrá un impacto estimado de unos 10.000 millones de dólares australianos (6.000 millones de euros) anuales para la economía australiana.
Los borradores del texto se publicarán en breve y serán traducidos a todas las lenguas comunitarias y verificados jurídicamente antes de ser presentados al Consejo, institución que representa a los Estados miembros de la UE.
Una vez adoptado por el Consejo, la UE y Australia firmarán el acuerdo. Tras la firma, el texto se remitirá al Parlamento Europeo para su aprobación. Una vez que el Parlamento Europeo haya dado su aprobación, y cuando el Consejo decida celebrar el acuerdo y Australia lo haya ratificado, podrá entrar en vigor.
