La factoría se instaló sobre una antigua planta de la automotriz surcoreana Hyundai que dejó de operar en el municipio de Araraquara, adonde se trasladó el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva.
CRRC, con sede en Pekín, espera que la fábrica empiece a producir trenes en el segundo semestre de este año.
"Es muy importante para Brasil aliarse con países que quieran traer tecnologías que Brasil no domina porque eso significa tener trabajadores bien formados", dijo el mandatario en el acto de presentación.
La nueva unidad en suelo brasileño cuenta con el apoyo del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), el brazo de fomento del Gobierno, por medio de contratos de financiación por valor de 5.600 millones de reales (1.070 millones de dólares).
Esos recursos se destinarán para la ampliación de la línea 2 de metro de São Paulo y la construcción de un tren de media velocidad que conectará la capital paulista con la ciudad de Campinas, separadas por unos 100 kilómetros.
Desde la fábrica de CRRC saldrán 44 trenes que alimentarán esos dos ambiciosos proyectos ferroviarios en el estado más poblado e industrializado del país.
El presidente de CRRC, Ma Lijun, agradeció al Gobierno de Lula el apoyo recibido y prometió "construir valor para la sociedad brasileña" y "ofrecer servicios al mercado brasileño".
"Esperamos mejorar al máximo la movilidad de los brasileños y contribuir para la economía brasileña", afirmó el ejecutivo, según la traducción simultánea al portugués del Gobierno de Brasil.
Lula confía en que, con este tipo de iniciativas, Brasil pueda transformarse "definitivamente" en un país desarrollado e incluso llegar a ser "la quinta o la sexta economía del mundo".
En clave política, el presidente también lamentó la ausencia en la ceremonia del gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, quien fue ministro en el Gobierno de Jair Bolsonaro (2019-2022), y pidió que se reconozca el apoyo que está dando su administración a la región.
