"Ante un potencial oro blanco, siempre hay que ser prudente", dijo este viernes en la radiotelevisión pública RTBF el ministro belga de Movilidad, Clima y Transición Ecológica, el centrista Jean-Luc Crucke.
No obstante, se mostró esperanzado después de que la empresa La Française de l'Énergie (FDE) anunciara el pasado martes la presencia de hidrógeno blanco con un potencial de 34 millones de toneladas de ese recurso energético.
El optimismo responde a los resultados de una perforación de 3.655 metros de profundidad cerca de la localidad de Pontpierre, en Mosela, en el noreste de Francia, junto a las fronteras con Luxemburgo y Alemania y cerca también del linde con Bélgica.
El hidrógeno blanco es hidrógeno natural presente en el subsuelo, también llamado hidrógeno nativo o geológico.
Si su explotación resulta viable, puede utilizarse como materia prima industrial para fertilizantes, compuestos químicos y refino de petróleo, y también como combustible para el transporte pesado, siderúrgicas, cementeras o plantas químicas.
No se produce por tanto de manera industrial, como el hidrógeno gris (que se obtiene a partir de gas y emite CO2), azul (con gas y captura del CO2 emitido), verde (descomposición de agua mediante electrólisis con electricidad de origen renovable, sin apenas CO2) o rosa (electrólisis con electricidad nuclear, con poco CO2).
"Aquí, en realidad, es natural, está en el yacimiento; eso quiere decir que hay menores costes para la industria", señaló Crucke, quien agregó que "si efectivamente todo esto se confirma, cambia las reglas del juego".
La primera exploración belga durará dos o tres años y servirá para "establecer la cartografía de este hidrógeno en el territorio belga" y, en una segunda fase, avanzar "para ver dónde se encuentra y qué utilidad económica se le puede dar", explicó el ministro.
El Gobierno financiará la prospección con fondos recaudados a través del sistema ETS de comercio de emisiones de CO2 de la Unión Europea, que cobra a las plantas industriales y energéticas por cada tonelada de dióxido de carbono emitida y reinvierte la recaudación en proyectos de descarbonización y clima.
Bélgica intentará además recibir "fondos europeos adicionales" para acelerar la investigación, añadió Crucke, quien se abrió a trabajar conjuntamente con Francia, Luxemburgo y Alemania.
"La única manera de ser autónomos y más autónomos en el plano energético es disponer de energía renovable y sostenible", concluyó el ministro.
