"Solo se puede responder a un sufrimiento tan inexplicable con la verdad", aseguró Sarkozy desde el banquillo de los acusados a las víctimas del atentado de un avión de la compañía UTA que en 1989 provocó 170 muertes, 54 de ellos franceses, algunos personados como acusación particular en este proceso en el que en primera instancia el expresidente fue condenado a 5 años de cárcel en septiembre pasado.
La acusación reprocha a Sarkozy haber recibido dinero de Muamar Gadafi para su campaña presidencial de 2007 a cambio, entre otras cosas, de revisar el caso de Abdallah Senoussi, yerno del dictador libio y hombre fuerte del régimen, condenado a cadena perpetua en rebeldía por el atentado del UTA.
Algunas de esas víctimas comparecieron en el tribunal la semana pasada y protestaron por la poca importancia que se les da en un caso que ha tomado una gran amplitud política, después de que Sarkozy se convirtiera en el primer ex jefe del Estado francés en ingresar en prisión, algo que sucedió entre octubre y noviembre de 2025, antes de su liberación provisional.
"No puedo dejar esos testimonios sin respuesta", dijo Sarkozy, que por vez primera desde el inicio del proceso el pasado 16 de marzo acudió al tribunal acompañado de su esposa, la cantante y modelo Carla Bruni.
Frente a ese testimonio, el expresidente aseguró que "no se repara un sufrimiento con una injusticia", antes de reiterar que no cometió "ninguno de los delitos" por los que está condenado: "Movilizaré todas las fuerzas de las que soy capaz para responder esta verdad profundamente enraizada en mí".
"No hay un céntimo de dinero libio en mi campaña, la verdad es que no actué en favor de Senoussi. Nunca le prometí nada, nunca actué en su favor", dijo Sarkozy, que justificó su viaje a Libia en 2005 como ministro del Interior para trabajar por la liberación de unas enfermeras búlgaras que consiguió una vez llegado al Elíseo, dos años más tarde.
Sarkozy se mostró tajante al negar toda actuación en favor del régimen libio: "Gadafi no tenía ninguna influencia sobre mí, ni en el plano político ni en el personal".
El interrogatorio, que está previsto que dure tres días, siguió posteriormente sobre el inicio de la campaña presidencial de Sarkozy, lo que permitió revivir las tensiones políticas en el campo conservador entre él y el entonces presidente, Jacques Chirac, y su brazo derecho, el ex primer ministro Dominique de Villepin.
