La estampa nocturna en ciudades como Lahore o Rawalpindi, algunas de las principales del país, se ha transformado en distritos comerciales desiertos bajo las directrices del primer ministro, Shehbaz Sharif, para ahorrar energía.
Estas restricciones horarias son parte de un paquete de austeridad mucho más amplio que el Ejecutivo paquistaní comenzó a endurecer tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz y la falta de garantías en el suministro de combustible
Según los datos oficiales, el Gobierno ha recortado ya en un 40 % la asignación de combustible para todos los funcionarios de alto rango y ha prohibido por completo la compra de vehículos nuevos para las instituciones del Estado.
Además, Sharif anunció la suspensión inmediata del 60 % de la flota de vehículos oficiales y la renuncia al sueldo de todos los miembros de su gabinete en busca de liberar fondos para "medidas de alivio público" destinadas a las clases más vulnerables.
El ahorro energético ha llegado a las autopistas del país, donde la Policía Nacional ha reducido los límites de velocidad de 120 a 100 kilómetros por hora para optimizar el consumo de combustible de los vehículos ligeros.
Incluso el deporte nacional ha sucumbido a esta "economía de guerra", con la Superliga de Críquet de Pakistán (PSL), el evento deportivo más rentable del país, disputado actualmente a puerta cerrada y sin público para evitar los elevados costes operativos de iluminación en los estadios.
Este ajuste, que busca compensar el encarecimiento del 20 % de los carburantes registrado en marzo, se produce mientras Islamabad negocia el desbloqueo de un tramo de financiamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI) para aliviar su endeudamiento.
Al mismo tiempo, el Gobierno de Shehbaz Sharif lidera la mediación regional entre Washington y Teherán para tratar de reanudar el diálogo diplomático.
