El gachapon, un millonario e irracional imperio de juguetes que no deja de crecer en Japón

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Tokio, 22 abr (EFE).- Tirar una manivela y escuchar el 'gacha gacha' está más de moda que nunca en las calles de Japón tras el auge de las conocidas como 'cápsulas sorpresa', que han triplicado su valor en los últimos años hasta alcanzar los 190.000 millones de yenes anuales (1.015 millones de euros).

Muebles en miniatura, anillos en forma de sushi o tiburones vestidos de oficinistas... las posibilidades dentro de estas cápsulas de plástico son tan amplias como disparatadas, y siempre encuentra a alguien dispuesto a coleccionarlas.

El negocio vive un auge renovado, en un mercado que ha pasado de 38.500 millones de yenes en 2020 (205 millones de euros) a cerca de 190.000 millones en 2025 (1.015 millones), reveló este miércoles el director de la Asociación Japonesa de Gacha Gacha, Katsuhiko Onoo.

"Antes se consideraba una subcultura, pero ahora se ha expandido y atrae tanto a niños como a adultos", añadió Onoo en una rueda de prensa.

La industria está también intentando abrirse paso en mercados como China, Corea del Sur o Estados Unidos, y según la fuente espera alcanzar los 200.000 millones de yenes para 2026 (unos 1.069 millones de euros).

Con más de 700 colecciones de gachapones lanzadas al mercado cada mes y cerca de 800.000 máquinas distribuidas en el país, estas cápsulas sorpresa viven su mejor momento, tras su llegada al archipiélago desde Estados Unidos en 1965.

"Diseñamos en base a los elementos más locos y divertidos de la vida diaria", explicó a EFE un portavoz de Brightlink, empresa dedicada a estas figuras. Un ejemplo de ello es su reciente colección de gatos de plástico, usados para guardar el pelo de las mascotas, que ha vendido más de un millón y medio de piezas en todo el país.

Estos objetos, que en su mayoría serían ignorados en el escaparate de cualquier tienda, siguen siendo uno de los juguetes más rentables de la industria japonesa. La clave, según los expertos, está precisamente en su aparente sinrazón.

Ryo Hirose, investigador del Instituto NLI y experto en la cultura del consumo, explicó a EFE que se trata de una forma de consumo muy derrochadora "si se piensa de forma racional". Pero justamente ese despilfarro es parte de su atractivo, en un mercado actual donde "ni siquiera hace falta que la compra tenga un sentido".

"En un entorno de ahorro e incertidumbre, las pequeñas recompensas seguras ganan valor", afirmó el investigador, para quien el gachapon funciona como una "satisfacción breve integrada en la rutina diaria".

El mecanismo es simple: insertas una moneda, giras la manivela y una cápsula aparece. Existe la posibilidad de que no salga el resultado deseado, aunque es precisamente ese riesgo el que explica su éxito.

"Estimula la dopamina y refuerza el deseo de repetir la acción", explica Hirose, quien ha notado que el público joven, ajeno al origen de esta moda iniciada en la década de los 70, muestra un interés cada vez mayor.

Nadie representa mejor este fenómeno que el japonés Wakky Kaiyama, considerado el mayor coleccionista de gachapones del país, con más de 110.000 cápsulas.

"Es una sensación de felicidad absoluta, la emoción de no saber qué te va a tocar, el ruido de la cápsula al abrirse, incluso el olor del juguete nuevo", describió Wakky a EFE, para quien cada apertura sigue siendo, a sus 55 años, "igual de emocionante".

Una afición que le persigue desde niño y que su abuela, que regentaba una tienda donde también vendía estas figuras por aquel entonces limitadas y mucho más baratas, contribuyó a alimentar, acumulando 30.000 juguetes al terminar primaria.

Hoy en día, Wakky atesora "piezas incalculables de antes de la guerra y máquinas que ahora podrían costar hasta 500.000 yenes (unos 2.671 euros)", según confiesa, mientras muestra su primer gachapon (y también su favorito): un coche rojo en miniatura aún con su cápsula original.

"Son mis amigos, así que si dejara de coleccionarlos sería como darles la espalda", explica Kaiyama, que desde hace años mantiene la tradición de abrir una cápsula diaria, en una casa donde el 80 %, según describe, lo protagonizan estas figuras.

Nunca se ha planteado parar y, en esa respuesta, está quizás el secreto de un negocio millonario que la lógica del mercado no termina de explicar.