"Se han hecho progresos impresionantes en materia de seguridad nuclear. Hoy es intrínsecamente más segura, más controlada y más transparente que en el pasado", afirma Grossi en una entrevista con EFE tras presentar esta semana en Nueva York su candidatura a la secretaría general de Naciones Unidas.
El diplomático argentino subraya que, tras el accidente de Chernóbil, la comunidad internacional reforzó de forma significativa los estándares de seguridad: "Ha habido una mejora sustancial en los sistemas, en los procedimientos y en la manera de abordar la seguridad nuclear", asevera.
Además, recuerda que el desarrollo de la cultura de seguridad en el sector ha sido uno de los principales avances de las últimas décadas, porque "los países han aprendido a compartir información y a establecer mecanismos de cooperación que antes no existían".
Grossi argumenta igualmente que la percepción global de la energía nuclear ha cambiado de forma notable, incluso en el contexto del cambio climático.
"Hoy, incluso países en desarrollo y conferencias climáticas que antes eran reticentes reconocen la necesidad de la energía nuclear como parte del mix energético", indica.
"Hubo un tiempo en que la energía nuclear era un tabú. Ahora se reconoce como una opción necesaria para la descarbonización y la estabilidad energética", agrega.
Sin embargo, avisa de que el principal desafío actual no está tanto en la seguridad operativa de las centrales como en el entorno geopolítico.
"El problema hoy no es tecnológico, sino político", dice, y enfatiza que "un mundo más polarizado hace que algunos países se planteen, por primera vez en mucho tiempo, si su abstención nuclear sigue siendo una garantía suficiente de seguridad".
Para el director del OIEA, esa tendencia podría tener "implicaciones graves" para el régimen global de no proliferación.
"Un mundo con más armas nucleares no sería un mundo más seguro, todo lo contrario", asegura.
Asimismo, insiste en la necesidad de fortalecer la cooperación internacional y evitar que las tensiones actuales debiliten los mecanismos de control y verificación nuclear.
"Si algo demostró Chernóbil es que las fallas en seguridad nuclear tienen consecuencias globales, y esa lección sigue plenamente vigente hoy", señala.
El accidente ocurrió el 26 de abril de 1986, cuando el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética y actual Ucrania, explotó durante una prueba de seguridad, liberando grandes cantidades de material radiactivo a la atmósfera.
El accidente provocó la evacuación de cientos de miles de personas y dejó una amplia zona de exclusión en torno a la central, que sigue parcialmente inhabitable cuatro décadas después.
De hecho, la central sigue representando una amenaza potencial para el medioambiente y la salud, ya que los daños y riesgos derivados de la guerra en Ucrania han perturbado los planes para sustituir el envejecido sarcófago que aísla toneladas de material radiactivo restante.
"Desde Chernóbil sabemos que la cooperación internacional en materia de seguridad nuclear es indispensable y no puede darse por sentada", concluye el director del OIEA.
