El plan, presentado por el asesor de EE.UU. para África, Massad Boulos, a principios de este mes, fue plasmado en un informe que recoge diversos proyectos para resolver la crisis en la que Libia está sumida desde 2011 y dividida territorialmente desde 2014.
El este del país está tutelado por el mariscal Jalifa Haftar, y el oeste, gestionado por el Gobierno de Unidad Nacional (GUN), liderado por Abdelhamid Dbeiba.
El proyecto principal es la propuesta de unificación en una sola Administración, que plantea dividir el mando entre el hijo del mariscal Haftar y comandante adjunto del Ejercito Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés), Saddam Haftar -quien lideraría el Consejo Presidencial y sería comandante supremo de Ejército-, y Dbeiba, que mantendría su cargo de primer ministro para todo el país y asumiría, además, la cartera de Defensa.
Otro de los puntos, menos controvertido que el reparto de poder, fue aprobado el pasado 11 de abril, al alcanzar un acuerdo consistente en la unificación del presupuesto, primer consenso nacional desde que, hace casi 13 años, se produjera una escisión en dos administraciones.
El pacto presupuestario fue acogido con satisfacción por todas las instituciones, que agradecieron a Boulos su trabajo, desarrollado con el gobernador del Banco Central de Libia, Nagi Issa, quien aseguró que servirá para "frenar los gastos no controlados" y apoyar la estabilidad de dinar libio, cuya inflación alcanzó porcentajes de dos cifras.
Sin embargo, el reparto de poder entre la familia Haftar y Dbeiba, no fue aceptado por diversas facciones políticas y militares, ni por el Consejo Presidencial -órgano colegiado que desempeña las funciones de jefatura de Estado- y el Alto Consejo de Estado -órgano consultivo-, que mostraron públicamente su oposición.
Los más críticos argumentan que el plan "socavaría el marco político del país y lo llevaría de vuelta a una era de tiranía y ejecuciones públicas de disidentes".
Mientras, la misión de la ONU para Libia (UNSMIL) defiende la hoja de ruta presentada el pasado agosto ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, centrada en la celebración de elecciones, aunque la representante del alto organismo para el país magrebí, Hanna Tetteh, reconoció recientemente un estancamiento en el proceso, debido -aseguró- a que "algunos dirigentes actúan fuera del marco establecido".
