El mandato de Vjosa Osmani como jefa de Estado de esta exprovincia serbia expiró el pasado 4 de abril sin que el Gobierno y la oposición lograran consensuar un reemplazo, y el cargo fue ocupado de forma provisional por la presidenta del Parlamento, Albulena Haxhiu.
La Constitución establece que Haxhiu puede ocupar la presidencia interina del país por un máximo de seis meses, pero el Tribunal Constitucional decretó a finales de marzo que la elección del nuevo jefe de Estado no puede retrasarse más allá del 28 de abril.
De lo contrario, el Parlamento quedará automáticamente disuelto y tendrán que celebrarse elecciones legislativas en los siguientes 45 días, seguramente el 7 de junio, según algunos medios locales.
Kosovo, un país poblado mayoritariamente por albaneses étnicos que declaró de forma unilateral su independencia de Serbia en 2008, lleva casi dos años sumida en una crisis política.
Autodeterminación, el partido nacionalista del primer ministro Albin Kurti, ganó las elecciones ordinarias de febrero de 2025, pero la falta de mayorías suficientes acabó forzando la repetición electoral el pasado diciembre, en la que logró 57 de los 120 escaños del Parlamento.
Kurti fue investido jefe del Gobierno por tercera vez gracias al apoyo de los diputados de las minorías turca, gitana y bosnia.
La inestabilidad política continuó ante la falta de acuerdo para elegir al sucesor de Osmani, que fue una jefa de Estado muy popular y bien valorada por la Unión Europea (UE) y Estados Unidos, y de la que algunos medios locales afirman que pretende formar un partido político propio y presentarse a unas eventuales elecciones legislativas.
Kosovo solicitó su entrada en la UE en 2022, pero aún no ha sido admitido como candidato, y Bruselas insiste en que debería mejorar sus relaciones con Serbia, que también aspira a entrar en el bloque, y reducir la tensión con los serbios del norte kosovar si quiere tener opciones de unirse al club comunitario.
