En la cuenta de resultados que remitió hoy a la Bolsa de Shanghái, donde cotiza, la compañía indicó que su beneficio neto fue de 29,4 millones de yuanes (4,3 millones de dólares, 3,7 millones de euros) entre enero y marzo, lo cual se compara con pérdidas por más de 112 millones de yuanes (16,5 millones de dólares, 14 millones de euros) durante el mismo período del año anterior.
Asimismo, la facturación trimestral fue de más del doble (+155,35 %) en términos interanuales, alcanzando los 737,6 millones de yuanes (107,9 millones de dólares, 92 millones de euros).
El resultado positivo llega gracias a la creciente demanda de tarjetas gráficas ante el auge de la inteligencia artificial (IA), así como la combinación de las restricciones de EE. UU. a la exportación de chips avanzados a China y la campaña de Pekín por lograr la autosuficiencia en este sector clave en el que aún depende de terceros.
En 2025, Moore Threads logró triplicar sus ingresos y reducir sus pérdidas en más de un tercio (-36,7 %).
Fundada y dirigida precisamente por un exdirectivo de Nvidia, Zhang Jianzhong, la tecnológica pequinesa es considerada como una de las posibles alternativas del país asiático al gigante estadounidense, hoy por hoy la mayor empresa del mundo en términos de capitalización de mercado.
Otro de esos incipientes nombres, Cambricon Technologies, multiplicó sus ventas por cinco en 2025 y consiguió su primer beneficio anual desde su salida a bolsa en 2020, mientras que la shanghainesa MetaX Integrated Circuits -que multiplicó su valor por ocho en su debut bursátil- duplicó su facturación y redujo a la mitad sus pérdidas.
La compañía es una de las tecnológicas locales que se han beneficiado de la salida forzada de Nvidia del mercado chino, y en diciembre protagonizó una sonada salida a bolsa, con sus títulos abriendo en Shanghái con un valor casi seis veces superior al que había fijado para la oferta pública.
Desde entonces, acumula una subida del 506 % frente a su precio inicial.
El éxito de estos estrenos no es casual: los analistas la atribuyen no solo al interés de los inversores por el auge de la IA, sino también a las expectativas de que Pekín preste apoyo al sector tras declarar la autosuficiencia tecnológica como prioridad para el nuevo plan quinquenal (2026-2030) ante la guerra comercial con Estados Unidos.
La esperanza de los inversores es que las tecnológicas chinas, que aún van por detrás de sus rivales estadounidenses en áreas como investigación, recursos o innovación, sigan estrechando la brecha en lo que a capacidades de sus modelos se refiere y aprovechen su gran ventaja, que no es otra que ofrecer servicios de IA a costes mucho más bajos.
