Bajo el nombre de "Código Sombra", la investigación se extendió por más de un año y logró detectar un cargamento sospechoso en las operaciones portuarias que terminó con la incautación de 800 sacos de harina, los cuales estaban contaminados con 58 kilos de clorhidrato de cocaína avaluados en 12 millones de dólares en el mercado australiano.
A cargo de la Policía de Investigaciones (PDI) en coordinación con el Servicio Nacional de Aduanas y la Policía de Australia, la indagación logró establecer que la red operaba a través de una empresa fachada dedicada a actividades de exportación.
"Pudimos trabajar e identificar cuál era el contenedor donde se iba a enviar (la droga) para el puerto de Sydney, Australia, y coordinar con la Policía australiana para hacer una entrega vigilada y poder identificar a los receptores de esta droga", explicó el prefecto general y subdirector de Control del Crimen Organizado de la PDI, Ricardo Gatica.
Según el efectivo policial, la coordinación internacional resultó fundamental para el éxito de la operación, esfuerzos que en el marco de esta investigación se remontan a abril de 2025.
Chile, a diferencia de vecinos como Bolivia o Perú, no es un productor de droga, sino un país de destino y una plataforma de distribución a Asia, Europa y Estados Unidos gracias a sus numerosos puertos.
En 2023, el Informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito situó al puerto de San Antonio como un "punto neurálgico" del tráfico de cocaína a nivel global, siendo una de las conexiones principales usadas por bandas criminales que buscan enviar productos ilícitos a Estados Unidos, Europa y Asia.
Durante los últimos años se ha registrado un aumento en las incautaciones de droga; no obstante, el crimen organizado se ha asentado en el país suramericano a través de diversos negocios ilegales, transformándose en una de las principales preocupaciones de la ciudadanía y las autoridades.
