En su discurso, el papa destacó que "muchos jóvenes poseen instrumentos tecnológicos cada vez más sofisticados, pero les cuesta encontrar un sentido por el que vivir, esperar, amar e incluso sufrir".
E invitó a dar respuesta a las preguntas que surgen "detrás de tantas dificultades, soledades y fragilidades psicológicas (...)¿Tiene mi vida algún sentido? ¿Existe una esperanza fiable para el futuro?".
También lamentó que "muchos jóvenes viven hoy bajo el yugo de las expectativas y el rendimiento, inmersos en una competitividad exasperada que genera ansiedad, miedo de no estar a la altura y desorientación".
Instó también a abordar el tema de la salud mental no únicamente como una cuestión clínica o técnica sino también trabajar para "cultivar la vida interior".
"De hecho, no basta con conectar a los jóvenes a las redes digitales, si luego permanecen desconectados de sí mismos, de los demás y de su propia interioridad. Cultivar la vida interior significa ayudar a las nuevas generaciones a redescubrir el silencio, la reflexión, la capacidad de hacerse preguntas, la profundidad de las relaciones y la apertura a la trascendencia", explicó.
Añadió que "la tecnología nos conecta, pero la educación nos forma" y "educar significa acompañar a los jóvenes a descubrir no sólo cómo vivir, sino también porqué vivir".
