En el acumulado de los cinco meses del año, las llamas crecieron un 44 %, en el comparativo interanual, según el sistema de alarmas satelitales del Instituto Nacional de Pesquisa Espacial (Inpe).
Los incendios en la más extensa selva tropical del planeta son resultado de las quemas relacionadas con la deforestación y el manejo de pastizales.
La deforestación en el bioma es ocasionada, principalmente, por la minería ilegal y la tala ilícita de árboles para la comercialización de madera.
Estas actividades han encontrado fuertes controles por parte del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, lo que ha llevado a una disminución de la deforestación en la Amazonía, que se ubica en el menor nivel desde 2017, luego de llegar a récords durante el mandato del ultraderechista Jair Bolsonaro (2019-2022).
Los incendios en la más extensa selva del planeta disminuyeron un 69 % el año pasado, frente a 2024, con 43.033 focos de calor, el menor número en los últimos 28 años.
No obstante, el aumento de las llamas en lo corrido de este año y la posibilidad de que sigan creciendo en el segundo semestre por el fenómeno de El Niño ya prendieron las alarmas en el país suramericano.
El pasado 25 de mayo el magistrado de la Corte Suprema brasileña Flávio Dino dio un plazo de diez días para que los estados que hacen parte de la Amazonía informen cómo se están preparando para enfrentar este fenómeno climático.
La decisión del juez se basó en estudios del Inpe y del Instituto Nacional de Meteorología (Inmet), que advierten sobre una intensidad elevada de El Niño en el segundo semestre de 2026, con temperaturas por encima del promedio que incrementan la vulnerabilidad del bioma a la propagación del fuego.
El Niño, causado por el calentamiento de las aguas del Pacífico, tiene efectos globales.
En 2015 provocó un aumento del 36 % en la incidencia de incendios en la región amazónica respecto al promedio de los 12 años anteriores.
El fenómeno también impactó fuertemente al bioma en 2024, cuando se registraron 140.328 incendios, un número un 42 % superior al de 2023 y el mayor en 17 años, debido a la histórica sequía que vivió la Amazonía ese año y a que las lluvias se ubicaron muy por debajo del promedio histórico.
La advertencia ya había comenzado a hacerla desde marzo el ministerio de Medio Ambiente tras un encuentro con expertos del clima en el que se concluyó que los impactos del El Niño se sentirán especialmente entre octubre y noviembre -periodo históricamente más crítico por ser época de sequía- en el Pantanal, el Cerrado y la Amazonía oriental.
