Quizá por ello haya decidido pasar la noche de este viernes celebrando su jornada de cumpleaños con 110 minutos de nostalgia, risa, baile y rock clásico en el Bilbao Arena. Mañana actuará en Barcelona, el lunes en Francia, al día siguiente en Luxemburgo...
Antes que Chris Isaak, el escenario ha sido ocupado por Dea Matrona y Cracker, que han cumplido con nota la ingrata responsabilidad que supone enfrentarte a un público que quizá te mira, pero no te ve. Te aplaude sí, pero te considera el extraño de la fiesta. El te quiero como amigo, en versión musical.
Ha sido finalmente a las 22.21 horas (20:21 GMT) cuando el tupé tintado, el falsete reconocible y el poso de quien hace muchos lustros dejó de ser un meritorio se han dejado ver en el Bilbao Arena.
Con amplios espacios libres en pista y gradas, y un calor asfixiante en el pabellón, Chris Isaak ha insistido en el repertorio de sus últimos conciertos por Europa.
Sobrio, señorial e irónico ha interpretado ese listado de clásicos al que durante décadas su público ha recurrido para descerrajar corazones: blandos, duros o blindados.
Apertura de espectáculo con 'Beautiful Homes', seguido de la intensa 'Somebody's Crying' y turno para romper la cuarta pared bajando al foso a cantar 'Waiting' junto a los fan.
Bromista, y deslizándose la naturalidad que quien conoce todas las respuestas, también ha interpretado en la pista 'Don't Leave Me on My Own'.
El auditorio, rendido a su traje oscuro con ribetes, camisa blanca y corbata, ha tarareado -sin necesidad de acreditar el C1 de inglés-, 'Blue Hotel', 'Baby What You Want Me to Do' o 'Lie to me' porque todas y cada una de ellas hablaban de todos y cada uno de los presentes. O eso creían ellos.
Tampoco ha podido faltar en el repertorio la archiconocida 'Wicked game', reverenciada por los asistentes como si nunca la hubieran escuchado con anterioridad; como si no hubieran visto en las pantallas Corazón Salvaje (David Lynch); como si no supieran que el amor, como sucede con la salud y las relaciones laborales, se extingue con el tiempo.
Junto a su inseparable banda, Silvertone, el californiano ha interpretado sus pegadizas baladas sin omitir paseos por el rock and roll más clásico. Si funciona, no lo toques.
El escenario, austero hasta el extremo, ha acogido también las versiones de 'Oh, Pretty Woman' (Roy Orbison), 'Can't Help Falling in Love' (Elvis Presley) o 'Killing the Blues' (Rowland Salley), para agradecimiento de un público en gran número a las puertas de la jubilación.
Ha habido también espacio para un cambio de vestimenta y para que banda y público cantaran al nuevo septuagenario el cumpleaños feliz -tarta y velas incluidas-.
