El país caribeño afronta una profunda crisis energética desde mediados de 2024, agravada desde enero por el asedio petrolero de EE.UU., una medida que la ONU ha calificado de contraria al derecho internacional.
El Gobierno de la isla ha reconocido, además, que la situación del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es "crítica" y "extremadamente tensa", marcada por el bloqueo petrolero estadounidense y un sistema energético profundamente obsoleto.
La UNE, dependiente del Ministerio de Energía y Minas (Minem), prevé para el horario de mayor demanda una capacidad de generación de 1.100 megavatios (MW) y una demanda máxima de 3.150 MW.
Así, el déficit -la diferencia entre oferta y demanda- será de 2.050 MW y la afectación estimada -lo que se desconectará realmente para evitar apagones desordenados- alcanzará 2.080 MW.
La obsolescencia de las termoeléctricas en la isla, con décadas de explotación y sin las inversiones precisas, ocasiona que la mayor parte de las unidades de generación del país, responsables del 40 % del mix energético y que se nutre de crudo nacional, sufran habituales averías.
En esta jornada, ocho de las 16 unidades de generación termoeléctrica se mantienen sin aportar energía al Sistema Electroenergético Nacional (SEN) por averías o trabajos de mantenimiento.
La presión de EE.UU. sí ha obligado a detener por falta de materia prima, los motores de generación, una fuente de energía que precisa diésel y fueloil importado, y responsables de otro 40 % del mix energético; mientras que el 20 % restante se obtiene de gas y fuentes renovables.
Cuba precisa diariamente unos 100.000 barriles de petróleo para cubrir sus necesidades energéticas, de los que solo 40.000 provienen de su producción nacional.
Diversos cálculos independientes estiman que se necesitaría, además, entre 8.000 y 10.000 millones de dólares para reflotar la red eléctrica en el país caribeño.
