"Evidentemente este es un acto de por sí cismático, porque nosotros sabemos que las ordenaciones episcopales sin el mandato pontificio rompen la unidad de la Iglesia y están sometidas también a unas sanciones muy precisas que son fundamentalmente la excomunión", dijo Parolin durante un encuentro con periodistas en la embajada de la Santa Sede ante Italia.
A pesar de la gravedad de la situación, el purpurado italiano matizó que aún desconoce el modo en que se impondrá la excomunión y manifestó su deseo de mantener los canales de comunicación abiertos con la organización ultraconservadora.
"Mi esperanza es que, a pesar de lo ocurrido este miércoles, se pueda reanudar el diálogo y se pueda llegar de verdad a encontrar también aquí una solución (...) A pesar de esta herida grave que ha sido producida, se puedan encontrar caminos que permitan resolver este problema", añadió.
Las ordenaciones se consumaron hoy en la localidad de Écône (Suiza), en pleno valle del Ródano, ante la presencia de cerca de 15.000 personas entre fieles y curiosos, y en una ceremonia que fue retransmitida por redes sociales en varios idiomas.
Con este acto, la FSSPX hizo caso omiso a las peticiones del papa León XIV, quien la víspera había exhortado por carta a la congregación, "con espíritu paterno" y "de todo corazón", a dar marcha atrás bajo la advertencia de incurrir en una excomunión inmediata.
Esta sociedad fue fundada oficialmente en 1970 en Friburgo (Suiza) por el arzobispo francés Marcel Lefebvre y nació como reacción a las reformas introducidas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), que consideraban una ruptura con la tradición doctrinal y litúrgica de la Iglesia.
A este respecto, Parolin recordó que "la historia de la Iglesia continúa y por lo tanto el concilio Vaticano II es un hito en la historia de la Iglesia que va aceptado y va implementado de la manera justa".
Entre las cosas que más molestaban a los lefebvrianos estaba que se convirtiera en la norma la celebración de la misa en lenguas vernáculas -las que se hablan en cada lugar, y ya no en latín-, la apertura al diálogo ecuménico o las posibilidades de mayor participación de los fieles.
