El llamamiento fue incluido en un comunicado divulgado desde Dharamsala, en el norte de la India, con motivo del 91 cumpleaños del dalái lama, líder espiritual de los tibetanos.
"Esta legislación institucionaliza abiertamente políticas destinadas a erosionar las identidades distintivas, culturas, idiomas y tradiciones de los pueblos no chinos. Por ello, urgimos a los líderes de la República Popular China a abandonar las políticas de coerción y represión (...) y a suspender su implementación", indicó Kashag, el gabinete de la administración tibetana.
La ley para la Promoción de la Unidad y el Progreso Étnico entró en vigor el pasado 1 de julio. Pekín sostiene que la norma busca reforzar la unidad nacional, promover el desarrollo de las regiones habitadas por minorías y consolidar un sentido común de pertenencia a la nación china.
Sin embargo, el Gobierno tibetano en el exilio y organizaciones de derechos humanos denuncian que la ley da cobertura legal a políticas de asimilación cultural y a un mayor control político sobre minorías como tibetanos, uigures y mongoles.
La administración tibetana también expresó preocupación por el posible alcance extraterritorial de la ley, al advertir que puede ser utilizada contra personas u organizaciones fuera de China acusadas por Pekín de promover el "separatismo étnico".
"Ni el derecho internacional ni la propia Constitución de la República Popular China otorgan al Estado el derecho de erradicar o asimilar por la fuerza a ningún grupo étnico", añadió el comunicado.
La condena se produce días después de que un hombre identificado por activistas tibetanos como Lobga Rangzen muriera tras prenderse fuego cerca de la sede de Naciones Unidas en Nueva York.
La Administración Central Tibetana vinculó esa acción con una protesta contra la nueva ley china y pidió a la comunidad tibetana responder con "unidad, resiliencia y determinación".
Tenzin Gyatso, el decimocuarto dalái lama, reafirmó el año pasado que su institución continuará y que el reconocimiento de su futura reencarnación corresponderá exclusivamente a su propia fundación, sin interferencia de China.
Pekín, que considera al Tíbet parte de su territorio, defiende que tiene autoridad para aprobar la sucesión de las principales figuras del budismo tibetano.
El dalái lama huyó a la India en 1959 tras el fracaso de una revuelta tibetana contra el control chino, desde entonces vive en Dharamsala, sede de la comunidad tibetana en el exilio.
