Las tendencias van por un lado y los hábitos y limitaciones de los centros de trabajo por otro.
Si bien en profesiones denominadas "artísticas" como agencias de publicidad, diseño gráfico o de interiores, cosmética o moda no hay reglas y el estilo va ligado a prendas informales y de vanguardia, la formalidad en el atuendo predomina en otras muchas.
Un alto cargo del departamento tecnológico de una empresa internacional de servicios de auditoría y asesoramiento legal cuenta a EFE que, salvo reuniones con los clientes, lo habitual es que no vayan a la oficina con traje; pero de ahí a lucir la propuesta de sastrería con pantalón corto Thom Browne hay un abismo.
"Las bermudas y los vaqueros están prohibidos", confirma, las camisetas y los polos tampoco están bien vistos, aunque con el calor "se levanta un poco la mano"; la balanza cae en favor de los chinos y las camisas y en invierno algún jersey.
Sin embargo, constata que el código de vestuario es más laxo con las mujeres. "Es difícil marcar un límite, nadie se atreve". En ellas, tirantes, pantalón corto, falda, zapatos y sandalias son habituales en los meses estivales, prendas ligeras que traen consigo alguna que otra disparidad sobre la temperatura del aire acondicionado entre hombres y mujeres.
Los políticos también se rebelan contra el estándar de traje y corbata, por distintos motivos, pero no siempre con éxito.
Las altas temperaturas y el vestuario para combatirlas ha sido el caballo de batalla en los últimos días entre los diputados de la Asamblea Nacional francesa, a la que algunos decidieron acudir sin corbata e incluso uno de ellos acudió con bermudas, con cierta reprobación del resto de compañeros.
En 2015, el ministro griego de finanzas Yanis Varoufakis, con una actitud que fue calificada de descarada, se reunió con su homólogo británico, Georges Osborne, sin corbata y con la camisa fuera del pantalón. Jocosamente argumentó: "Soy el ministro de finanzas de un país en bancarrota".
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y varios ministros acudieron hace unos días al Congreso sin corbata, una circunstancia que causó cierto revuelo y que coincidía con la primera ola de calor del verano en España.
Para periodistas, fotógrafos o diputados el Congreso español no tiene un protocolo establecido de vestuario, pero sí se pide "un cierto decoro", explica una de sus funcionarias.
De la misma manera, en muchas empresas donde el trato entre ejecutivos es habitual, el rigor en la vestimenta es una condición 'sine qua non', aunque poco a poco se van relajando las costumbres.
La responsable de una aseguradora de renombre afirma que se trata del "business casual" y explica que casi todas las empresas se han relajado en ese aspecto, "pero siempre dentro de una estética formal y correcta".
"El día a día es más casual. Corbata no lleva prácticamente nadie"; los viernes han dejado de ser tan formales, pero "vaqueros o bermudas son impensables; tampoco zapatillas deportivas".
En los despachos legales donde las consultas y firmas con clientes son constantes, además de las visitas a los juzgados, la situación no cambia ni bajo la toga, ratifica un fiscalista. "El vestuario se ha distendido, pero dentro de un orden, somos abogados", remarca.
Así que nada de sustituir los cinturones por los fajines bordados y cuentas de Mans o los fulares de Ralph Lauren para ajustar el pantalón.
En calzado mejor no mencionar el estilo 'barefoot' (imita la sensación de andar descalzos) ni mucho menos las chanclas.
