Pese a las movilizaciones, Boulos aseguró, a través de una publicación en X, sentirse "honrado" por el encuentro con los consejos de ancianos -poder fáctico con gran influencia en Misrata- y otros sectores, y destacó su liderazgo para encaminarse hacia "una Libia estable, unificada y próspera".
Sus interlocutores le explicaron que rechazan el plan de EE. UU. para el país, al considerar que "amenaza con prolongar la crisis" por proponer la continuidad de los líderes que actualmente controlan las dos administraciones en las que está dividido el país desde 2014.
A pesar de estas divergencias, Boulos elogió el papel de los líderes comunitarios y su peso en la toma de decisiones.
La propuesta de Boulos plantea la unificación en una sola administración, con el poder repartido entre Saddam Haftar -hijo del actual líder de la zona este de Libia, Jalifa Haftar- y Abdelhamid Dbeiba, quien pasaría de ser el primer ministro del oeste a ocupar el mismo cargo para todo el país, y asumiría, además, la cartera de Defensa.
El reparto de poder entre la familia Haftar y Dbeiba "reproduciría el punto muerto actual", según manifestó el grupo misuratí en un comunicado.
Además, los líderes comunitarios destacaron que tampoco aceptarán ninguna propuesta que plantee la posibilidad de que regresen al poder "individuos vinculados a la corrupción pasada o a violaciones de derechos humanos", cuyos nombres -aseguraron sin mencionarlos- figuran en informes de la ONU sobre estos delitos.
No obstante, no cerraron la puerta a una eventual mediación estadounidense, pero siempre bajo la "autonomía e independencia libia" y sin injerencias, y con la participación más amplia posible de las fuerzas sociales y políticas del país magrebí.
Misrata, la tercera ciudad más grande de Libia, por detrás de Trípoli y Bengasi, tiene un gran peso económico y las milicias más fuertes del país, lo que le permite operar al margen de las administraciones del este y el oeste.
