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Playas de Puerto Rico convertidas en aulas para aprender a proteger a la tortuga tinglar

Imagen sin descripción

San Juan, 8 jul (EFE).- Las playas de Puerto Rico se convierten durante el verano en aulas al aire libre donde se inculca a los niños la protección de las tortugas tinglares, mientras se supervisa que las neonatas lleguen sanas y salvas al mar tras la eclosión de los nidos.

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"Una tortuga de cada mil se salva. Para anidar, ellas casi siempre entran de noche cuando no hay depredadores, aunque en esta costa hay mucha contaminación lumínica", explica Karen Schneck, voluntaria de 7 Quillas, uno de los 14 grupos tortugueros que custodian la anidación entre marzo y julio de las tortugas más grandes del mundo que están en peligro de extinción.

Schneck hace hincapié en la importancia de cuidar de las tinglares con un megáfono para cerciorarse de que las decenas de curiosos que se acercan al perímetro de seguridad, entre ellos niños ávidos de ver tortuguitas recién nacidas, sean conscientes de la necesidad de conservar a esta tortuga pelágica que enfrenta grandes desafíos para sobrevivir.

Lehyrin Cruz llevó a sus tres hijas a Ocean Park, una céntrica playa de San Juan, para que aprendieran sobre las tinglares y vieran cómo las neonatas se adentran en el oleaje que las ayuda a llegar a alta mar e iniciar su viaje migratorio hacia el norte del océano Atlántico.

"Me parece excelente que podamos apreciar este proceso y que todos los niños puedan también participar de él. Ellos pueden construir los canales, pueden estar cerca de las tortuguitas. Es un aprendizaje más productivo", comenta a EFE Cruz.

Por su parte, Eduardo Álvarez, presidente de 7 Quillas, organización que opera en el área de San Juan, resalta que es un requisito indispensable difundir toda la información a las nuevas generaciones para proteger esta especie, que puede llegar a medir entre 1,5 y 2,4 metros y pesar entre 250 y 700 kilogramos, y que este año ha dejado 18 nidos en la zona metropolitana de Puerto Rico.

"Cuando tú traes a tu nene a liberar una tortuguita o ve cómo esa tortuga pasa ese proceso del nido, ya lo tiene acá (interiorizado en su mente). O sea, ese nene va a defender las tortugas, va a defender sus recursos naturales porque lo siente en el corazón", precisa Álvarez, líder de la organización sin ánimo de lucro que también realiza mensualmente una limpieza de las playas.

Las hembras de tinglar realizan largos viajes migratorios que pueden llegar a superar los 6.000 kilómetros hasta las islas caribeñas para depositar entre 70 y 100 huevos en cada uno de los nidos que dejan durante la temporada.

Las tortugas, que pueden llegar a dejar hasta nueve nidos, cuentan con una memoria geográfica asombrosa que les permite regresar a anidar a la misma zona e incluso a la playa exacta donde ellas mismas nacieron, aunque esté atiborrada de gente.

"Tomar en cuenta que es una playa urbana, es una playa donde hay edificios, donde hay muchos deportistas, bañistas, mascotas, contaminación lumínica, etc. Entonces es muy importante que los humanos, en este caso el grupo 7 Quillas, esté presente tanto cuando la tortuga anida como cuando las tortuguitas nacen", apunta Álvarez.

Entre los 55 y los 60 días después del desove, los huevos eclosionan y las tortuguitas tardan tres días en salir a la superficie. Si nacen durante el día las retienen para liberarlas al atardecer, cuando la playa se vacía y se puede establecer un perímetro de seguridad en la orilla para que los niños puedan observarlas de cerca y recibir una charla educativa.

La labor de estos voluntarios es crucial para paliar las amenazas de la especie. Un ejemplo de ello es que la tinglar Esther, que regresó esta temporada a anidar a Puerto Rico después de dos años, tuvo que abortar la misión de poner uno de sus nidos porque los turistas la acorralaron y fotografiaron, viéndose obligada regresar al agua y contener el desove hasta bien entrada la noche.

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