Con 2 minutos y 36 segundos de tiempo final, el encierro partió puntual desde los corrales de Santo Domingo con la incógnita pronto despejada de la emoción que podían aportar estos toros, que enfilaron muy agrupados y encabezados por los cabestros el primer tramo de la cuesta de Santo Domingo.
El momento de mayor peligro se vivió en el tramo de la calle Mercaderes, con la cornada en la cara a un corredor, en medio de un pequeño montón con varias personas en el suelo.
En la larga calle de Estafeta la torada comenzó a separarse, al principio con distancias sutiles, lo que hacía difícil encontrar hueco a los numerosísimos mozos que pretendían avanzar ante las astas.
Ya en el segundo tramo de la calle Estafeta los toros corrían en dos grupos separados, con un gentío a su alrededor que dificultó su carrera e hizo que los de Escolar se defendieran con las astas. A la plaza, la manada entró ya completamente rota.
De nuevo la dificultad para correr en un multitudinario sábado protagonizó una carrera solventada con nobleza por los de José Escolar, que serán lidiados por la tarde en la Monumental Pamplonesa por los diestros Antonio Ferrera, Juan de Castilla e Isaac Fonseca.
Según el primer parte médico facilitado desde el Hospital Universitario de Navarra, en este encierro se contabilizaron 14 asistencias, con seis traslados a este centro.
Entre ellas figura una herida penetrante por asta de toro en la cara, una contusión craneal, una contusión torácica y craneal, otra contusión torácica y otra contusión craneal y un traumatismo.
Además, dos corredores heridos en el encierro del viernes permanecen ingresados en este mismo centro hospitalario con heridas de pronóstico grave, uno de ellos en la UCI.
