El ministro neozelandés de Bioseguridad, Andrew Hoggard, anunció en un comunicado el resultado positivo por gripe aviar de una prueba realizada a un ave marina migratoria encontrada muerta en una playa cerca de Wellington.
"No hay evidencia de mortalidad masiva en la fauna silvestre ni de transmisión entre aves silvestres en Nueva Zelanda. No se ha detectado ningún caso en aves de corral", declaró Hoggard, quien aseguró que el virus representa "un bajo riesgo para la salud pública".
Hoggard pidió a los neozelandeses informar a las autoridades sobre el hallazgo de aves enfermas o muertas, y remarcó que el país oceánico "está bien preparado" para responder ante un eventual brote.
Las autoridades ya han puesto en marcha un programa de vacunación para algunas de las aves endémicas más amenazadas, como el takahe y el kakapo, muy vulnerables a los factores externos debido al aislamiento de sus hábitat durante millones de años.
El caso en Nueva Zelanda se produce después de que Australia informara el 20 de junio sobre la detección de la cepa H5N1 de la gripe aviar en un espécimen de págalo pardo, una especie marina migratoria hallada moribundo en una playa remota del sur del país.
Desde entonces, Camberra ha informado de otros casos de gripe aviar en aves registrados en varias jurisdicciones que conforman la nación austral, incluida la infección en aves autóctonas.
Oceanía era el único continente en el que no se había detectado la cepa H5N1, devastadora por su rápida capacidad de contagio, síntomas graves y altas tasas de mortalidad, especialmente para aves de corral y silvestres, aunque también se ha detectado en algunos mamíferos.
La cepa H5N1 se detectó por primera vez en 1996 y desde entonces ha causado varios brotes en animales de todo el mundo. Tras la propagación en 2020 de una nueva variante, este virus viene ocasionando un número sin precedentes de muertes de aves silvestres y de corral, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Aunque inicialmente afectó solo a África, Asia y Europa, en 2021 se propagó a Norteamérica y en 2022 al resto del continente. Entre esos dos años se registró la epidemia más amplia y prolongada de gripe aviar.
