La muerte de Lunas Campos es uno de los casos recogidos en un informe publicado este miércoles por Human Rights Watch (HRW) y la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), que denuncia palizas, negligencia médica, aislamiento prolongado y condiciones insalubres en el centro, ubicado en El Paso.
Camp East Montana, compuesto por cinco estructuras similares a tiendas de campaña, tiene capacidad para albergar hasta 5.000 personas.
HRW sostiene que los abusos documentados constituyen tratos crueles, inhumanos o degradantes y califica la muerte de Lunas Campos como una "ejecución extrajudicial" conforme al derecho internacional.
La organización entrevistó a 71 personas que estuvieron detenidas en el centro, todas procedentes de doce países de Latinoamérica y el Caribe. La mayoría de ellas (64) denunció haber sido golpeada o haber presenciado golpizas contra otros detenidos por parte de los guardias del centro.
"Cuando una persona reclama, se desquitan con todos nosotros", relató un hondureño identificado con el seudónimo de Germán L., quien llevaba un mes detenido cuando fue entrevistado por HRW.
Según su testimonio, los guardias agreden a quienes piden comida, medicinas o reclaman sus derechos. "Visten de negro, usan máscaras que les cubren casi todo el rostro y no llevan placas con sus nombres", señaló. "Quieren demostrar que tienen el control y que pueden hacer lo que quieran con nosotros".
Otro de los entrevistados, un venezolano de 32 años identificado como Armando G., dijo que siete guardias lo tiraron al suelo durante una huelga de hambre, mientras uno lo asfixiaba y otro le tiraba del cabello y le golpeaba la cabeza contra el suelo. Aseguró que sufrió hematomas y un fuerte dolor abdominal, pero no recibió atención médica.
Lunas Campos, padre de cuatro hijos, fue uno de los tres migrantes muertos en Camp East Montana en los últimos seis meses y uno de los 50 fallecidos bajo custodia de ICE desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca: 31 en 2025 y otros 19 en lo que va de 2026, según datos de la organización 'Detention Watch Network'.
El cubano murió la noche del 3 de enero en una unidad de aislamiento, después de pedir que le entregaran sus medicamentos.
Tres detenidos dijeron a HRW haber visto o escuchado parte del altercado. Uno relató que oyó golpes y al migrante gritar repetidamente que lo estaban asfixiando.
ICE informó entonces de que el personal encontró al detenido "en dificultades" y que los servicios médicos trataron de reanimarlo.
La autopsia, sin embargo, halló abrasiones en el pecho y las rodillas y hemorragias en el cuello. El médico forense determinó que murió por asfixia causada por la compresión del cuello y el torso, y clasificó la muerte como homicidio.
"Sé cómo suena la muerte", afirmó Ismael M., un hondureño que escuchó lo ocurrido desde otra celda, según el informe. "Lo que le pasó a Geraldo me podría haber pasado a mí o a cualquiera de nosotros", añadió.
El informe describe unidades hacinadas, baños cubiertos de heces y orina, duchas obstruidas y suelos inundados con agua sucia. Hasta 72 personas comparten seis inodoros y seis duchas en cada unidad.
Los detenidos denunciaron que pasaban días o semanas sin jabón, desinfectante o cepillos de dientes, y que algunos desarrollaron infecciones cutáneas, respiratorias y dentales.
También aseguraron que sus solicitudes médicas quedaban sin respuesta durante semanas o meses y que, en algunos casos, la atención solo llegaba después de un desmayo o una emergencia grave.
Los migrantes describieron además porciones de comida insuficientes, congeladas o en mal estado. Algunos dijeron haber perdido hasta 13 kilos durante su detención.
"Este lugar es un cementerio de personas vivas. Aquí te puede pasar cualquier cosa", dijo un ecuatoriano identificado como Lorenzo P. en un testimonio recogido por HRW.
