Irak afronta una prueba de fuego por control de milicias tras el ataque de A. Saudí y EEUU

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El Cairo, 29 jul (EFE).- El ataque de este miércoles de Arabia Saudí y Estados Unidos contra las milicias chiíes proiraníes pone a prueba al nuevo Gobierno de Bagdad ante su reto de desarmar a las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) y en medio de una posible expansión de la guerra entre Teherán y Washington.

Washington y Riad, en un giro tras romper por primera vez con su política de contención en la región desde el inicio de la guerra el pasado 28 de febrero, lanzaron varios ataques conjuntos contra posiciones de las milicias proiraníes en varias provincias de Irak, que causaron al menos 20 muertos y una treintena de heridos, según el balance preliminar del grupo.

Cuando Ali Al Zaidi asumió oficialmente el cargo de primer ministro el pasado mayo tenía dos retos importantes que afrontar durante su gobierno: la corrupción y las milicias armadas. En el primero, está avanzando y ganando popularidad entre los iraquíes; sin embargo, el segundo empieza a poner a prueba su Ejecutivo por la falta de control.

Estas son las claves de este reto para el recién nombrado jefe de Gobierno iraquí.

Al Zaidi fue designado primer ministro en mayo después de más de seis meses de estancamiento político en el país, que había celebrado las elecciones en noviembre de 2025, por la falta de consenso en la coalición por parte del Marco de Coordinación, el mayor bloque parlamentario iraquí, y la oposición de Estados Unidos al que fue primer ministro Nuri al Maliki, por su posición proiraní.

Después del largo proceso, Al Zaidi salió como el candidato de consenso para superar divisiones en la coalición, siendo un empresario joven sin experiencia en política.

Una independencia que intentó forjar también una vez nombrado al liderar una campaña anticorrupción. Sin embargo, su mayor reto es el desarme de las milicias proiraníes, que anunció después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, presionara al país.

Trump encontró una solución en Al Zaidi, quien realizó su primer viaje como primer ministro a Washington en busca de su beneplácito.

Las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) son una agrupación armada iraquí creada en 2014 para hacer frente al avance del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Irak mediante un decreto gubernamental.

Sin embargo, con el paso de los años, las FMP dejaron de ser solo una movilización de voluntarios para convertirse en una estructura reconocida por el Estado, tras la aprobación del Parlamento iraquí de una ley en 2016 que las legalizó como parte del aparato de seguridad.

Las FMP están compuestas de decenas de milicias de distinto signo, aunque mayoritariamente están formadas por facciones chiíes proiraníes, y en entre las formaciones destacan Kataib Hizbulá, la Organización Badr, Asaib Ahl al Haq, Saraya al Salam, Harakat al Nujaba, Birgadas de Iman Ali y Kataib Sayid al Shuhada.

Esta amalgama de formaciones armadas han lanzado numerosos ataques desde el inicio de la guerra contra Irán, especialmente contra Kuwait, aunque en los últimos días han tenido como objetivo Arabia Saudí, lo que ha provocado la respuesta de Riad.

Nada más llegar al poder, Al Zaidi aseguró que el Estado tendrá el monopolio de las armas y anunció que desarmará a las FMP, una medida que fue apoyada por varios grupos y facciones armadas, mientras que las más cercanas a Irán (Kataib Hezbolá, Harakat al Nujaba y Kataib Sayid al Shuhada) lo rechazaron.

Ahora, con la escalada en la región, la medida estrella del primer ministro se tambalea, ya que en la práctica resulta mucho más complejo, porque el problema no radica simplemente en la presencia de grupos armados, sino en su infiltración en el corazón del Estado.

Estas fuerzas tienen tal poder que cualquier intento serio de enfrentarlas conlleva importantes riesgos políticos y de seguridad, según afirman diferentes analistas árabes e iraquíes, que creen que los intentos de Al Zaidi de sustituir la confrontación directa por una política de contención y persuasión no dará sus frutos.

Además, no existe una definición clara ni un marco procedimental para el proceso de entrega de armas, ni tampoco se han propuesto las medidas que tomará el Estado después de finales de septiembre contra las facciones que se nieguen a entregar las armas.

Pese a que el primer viaje de Al Zaidi fue a Washington, el segundo más importante fue a Irán, aunque solo duró un día, en un intento del mandatario iraquí de mantener un difícil equilibrio entre ambos países y de demostrar su compromiso de conservar fuertes lazos con Irán.

El llamado Eje de la Resistencia chií, capitaneado por Irán, sigue siendo fuerte en la política iraquí, algo que se vio reflejado en las elecciones, donde todas las fuerzas que se oponían drásticamente a la influencia iraní obtuvieron un respaldo significativamente menor.

Sin embargo, dentro de la mayor coalición chií en Irak no están dispuestos a perder los beneficios económicos que aportan los acuerdos con empresas estadounidenses y con sus vecinos del golfo Pérsico, gravemente afectados por los ataques iraníes.