"Según datos preliminares, el producto interior bruto (PIB) real durante el segundo trimestre de 2026 ha registrado una caída de un 4,8 % frente al mismo periodo de 2025", aseguró la agencia de estadísticas oficial saudí en un comunicado.
"Este descenso se atribuye a una disminución de la actividad petrolera en un 24,7 %, en un momento en el que las actividades gubernamentales y no petroleras registraron un crecimiento anual de un 0,9 % y 0,6 %, respectivamente", añade la nota.
También indicó que "el PIB real, ajustado estacionalmente, cayó un 4,9 % en el segundo trimestre de 2026 en comparación con el primer trimestre del año, debido principalmente a una disminución del 21,5 % en la actividad petrolera".
El documento destacó, además, que las actividades petroleras del país, el mayor exportador de crudo del mundo, "contribuyeron negativamente al PIB real ajustado estacionalmente en 4,5 puntos".
Se trata de la primera contracción económica en el reino desde el cuarto trimestre de 2023 y la más profunda desde la pandemia de covid, si bien las causas eran totalmente diferentes.
En 2023, cuando el PIB del reino se contrajo un 3,7 %, se trataba de una estrategia controlada de recortes voluntarios de producción de hasta 10 millones de barriles -acordada por la alianza de la OPEP+ que lideran Arabia Saudí y Rusia- para responder al entonces colapso en los precios del crudo.
En lugar de esa política controlada de mercado, el motivo de la caída del PIB saudí en el segundo trimestre de 2026 se atribuye a factores geopolíticos y energéticos clave, ya que coincide con la guerra entre Estados Unidos e Irán a finales de febrero pasado.
El conflicto, en el que varios países del golfo Pérsico fueron blanco de ataques iraníes por ser aliados de Washington o por acoger en su territorio bases con presencia militar estadounidense, también afectó el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra pasaba una quinta parte de las exportaciones mundiales de crudo.
Arabia Saudí, ante las restricciones iraníes en Ormuz, logró desviar gran parte de su producción a través de un oleoducto que conecta la región oriental saudí con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, lo que permitió seguir embarcando millones de barriles diarios hacia los mercados mundiales sin cruzar el estrecho en conflicto.
