"Como Departamento (Ministerio) del Interior y otros departamentos involucrados en este asunto, no habíamos presupuestado esto. Las repatriaciones no están contempladas en nuestra legislación", señaló Tommy Makhode, director general de esta cartera, en declaraciones que recogen este miércoles medios locales.
La mayor asignación de fondos, de más de 203 millones de rands (10,9 millones de euros), se dedicó a gastos de transporte, mientras que el Ministerio de Obras Públicas empleó 48 millones de rands (2,5 millones de euros) para establecer el Centro Temporal de Tramitación de Repatriaciones de Musina, en la provincia de Limpopo (norte).
Al comparecer este martes ante el comité parlamentario del Interior, Makhode precisó que, frente a estos gastos inesperados, su ministerio había recibido una asignación de 60 millones de rands para las repatriaciones, pero había solicitado más.
"También hemos escrito al Gobierno de Malaui y, por supuesto, a las embajadas de Nigeria y Etiopía, solicitando el reembolso de este coste", aseguró el director general.
Junto a él, compareció ante el comité el comisionado de la Autoridad de Gestión Fronteriza (BMA, en inglés), Michael Masiapato, que cifró en 89.936 los extranjeros repatriados desde junio y hasta este 7 de agosto por Sudáfrica.
Este número sigue estando muy por debajo de la suma de los retornos reportados por los gobiernos de varios países africanos de donde proceden estos migrantes.
De hecho, solo los repatriados de Zimbabue se elevarían ya a más de 115.000, según los últimos datos difundidos por el Gobierno de ese país.
En cambio, según los datos de la BMA, más de 54.000 de los repatriados eran de Malaui y unos 27.000 eran zimbabuenses, mientras los mozambiqueños eran el tercer grupo en número.
Entre el 1 de abril y el 31 de julio, "hemos logrado interceptar a más de 4.229 personas que, sin la documentación necesaria, intentaban nuevamente ingresar en el país de manera ilegal", reveló Masiapato.
La tensión no ha hecho más que crecer en los últimos meses en Sudáfrica, con una ola de ataques xenófobos y protestas en principio dirigidas contra la inmigración ilegal pero que han resultado en violencia indiscriminada contra migrantes africanos en muchos casos.
Los convocantes culpan a estos migrantes de los problemas económicos del país, la deficiente prestación de servicios públicos y las altas tasas de delincuencia, y han llegado a impedir que accedan a atención médica y educación en instalaciones públicas.
La tensión ha llevado en las últimas semanas a países como Malaui, Ghana, Nigeria, Zimbabue, Kenia, Uganda o Mozambique a repatriar a decenas de miles de sus ciudadanos.
Las tensiones xenófobas son un problema recurrente en Sudáfrica y han desembocado en oleadas violentas en varias ocasiones, especialmente en los barrios más vulnerables.
