Los chóferes de Arriva, una de las ocho compañías que se reparten la concesión de los famosos autobuses rojos distintivos de la capital británica -subcontratados por Transport for London, TFL- protestan así contra la compañía por no responder a sus demandas planteadas "año tras año, y con veranos cada vez más calientes", según la líder sindical Sharon Graham.
De acuerdo con el sindicato, cada vez que se alcanzan los 30 grados en el exterior -y este verano se han rebasado en cinco ocasiones-, la temperatura en la cabina del chófer -una mampara transparente de cristal- puede subir hasta los 40, lo que causa frecuentes casos de fatiga, mareos y deshidratación.
Los paros convocados por Arriva comienzan mañana y durarán dos días, para retomarse entre el 18 y el 21 de agosto y entre el 25 y el 28. Otros cuatro paros de varios días se prevén en septiembre, más otros tantos en octubre.
La conveniencia o no del aire acondicionado comienza a plantearse cada vez con más frecuencia en Londres, donde el servicio de metro -tanto estaciones como vagones- carece de él, salvo algunas excepciones. Muchos restaurantes o locales comerciales tampoco cuentan con él, y es aún más escaso en las viviendas particulares, sobre todo en las antiguas.
