La acumulación de agua, originada al quedar bloqueado el cauce por materiales arrastrados por la riada, llegó a convertirse en uno de los principales riesgos para los rescates y obligó el viernes a suspender temporalmente parte de las operaciones de salvamento.
El Ministerio indicó este sábado que la superficie de agua continúa reduciéndose y que la barrera deja pasar lentamente el caudal, con algunos puntos en los que el descenso del nivel permite ya ver el fondo.
Según las mediciones realizadas el viernes por un equipo hidrológico de emergencia, la represa todavía superaba entonces los 100.000 metros cuadrados de superficie y tenía un perímetro de 2.207 metros.
La salida del agua presentaba una anchura de unos 41 metros y acumulaba numerosos árboles y otros materiales, entre los que quedaron huecos que han facilitado un desagüe gradual y reducido el riesgo de una descarga súbita aguas abajo, según la televisión estatal CCTV.
La represa se formó después de que la corriente arrastrara grandes cantidades de lodo, rocas, hielo y otros materiales.
Más arriba, el desastre dejó además un cráter de impacto de unos 14.000 metros cuadrados que no ha variado de tamaño y cuya probabilidad de desbordamiento se considera actualmente baja, aunque continúa bajo vigilancia.
Las autoridades mantienen asimismo dispositivos de seguimiento ante el riesgo de nuevos desprendimientos y han desplegado equipos hidrológicos de emergencia después de que varias estaciones de medición de la zona, incluida la del paso fronterizo de Gyirong entre Nepal y el Tíbet, región bajo control chino, dejaran de transmitir datos coincidiendo con el desastre.
Las investigaciones preliminares apuntan al colapso de una gran masa de hielo en un glaciar nepalí como desencadenante de la riada, que arrasó localidades e infraestructuras a ambos lados de la zona fronteriza.
El desastre deja ya al menos 676 muertos (669 en territorio nepalí y 7 en suelo chino) y 2.980 desaparecidos, según los recuentos separados de Nepal y China.
