El 'Little Angel Theatre', situado en el norte de la capital británica, es un coliseo de marionetas para niños y familias desde sus inicios, y con motivo de su 65 aniversario abre las puertas al público de las criaturas que les hacen reír hasta el próximo 6 de septiembre.
'Marionettes: An Exhibition Celebrating String Puppets' ('Marionetas: una exposición que celebra los títeres') busca "homenajear a los antiguos maestros y nuevas generaciones de creadores de títeres" dentro de la cultura británica, dice a EFE el director asociado del teatro y comisario de la muestra, Oliver Hymans.
La historia de los títeres es milenaria, y provienen de todos los rincones del mundo. El primer registro o documentación que se conoce en Reino Unido data de hace 600 años, en el céntrico barrio londinense de Covent Garden.
Fue en 1662 cuando Samuel Pepys (1633-1703), un político británico de la época, disfrutó de 'Punch y Judy', títeres de cachiporra herederos de la ‘pulcinella’ italiana, y lo escribió en sus diarios privados que fueron publicados más de cien años después de su muerte.
Después, en el siglo pasado, los "primeros programas de televisión de las décadas entre 1950-60, utilizaban marionetas y Gerry Anderson con 'Thunderbirds' ('Los Guardianes del espacio') contribuyó a popularizarlos aún más", describe Hymans.
Las criaturas creadas en madera tallada de forma artesanal, desde aves, niños; elfos; hadas; princesas y hasta un jugador del Tottenham inglés, colman de entusiasmo a los pequeños que junto con sus padres y madres se acercan hasta el pequeño museo creado para los títeres en el norte de Londres.
Los títeres se enfrentan a una nueva realidad, donde la creación es dominada a través de ordenadores y a la inteligencia artificial.
"Todas estas marionetas están hechas a mano, son obra de seres humanos. Existe una larga tradición artesanal que, de no protegerla, se perdería", defiende Hymans.
El director asociado del 'Little Angel Theatre' promovió incluir el oficio de crear títeres en la lista roja de artesanías en peligro.
"La gente puede pensar que es algo pasado de moda, pero creemos que la verdadera razón es que es realmente complicado crearlos, y poca gente tiene la destreza para ello, llevan bastante tiempo y son caros”, también a la hora de producir obras, argumenta Hymans.
También sostiene la importancia de la inversión y formación de nuevas generaciones, en sus habilidades: "Queremos que sean capaces de fabricar títeres en el futuro. Se trata de inspirar a las próximas generaciones, nuevo público y niños".
Certámenes, exposiciones y festivales como el de la ciudad española de Segovia y su cita anual 'Titirimundi' - Festival Internacional de Teatro de Títeres', que celebró este año su 40ª edición, son un ejemplo de ello.
"Creo que hoy en día, tanto adultos como niños desean crear cosas con sus propias manos, y esta es la fórmula perfecta para ello", concluye Hymans, tanto en la creación como en la interpretación. EFE.
