A pesar de las recomendaciones de las autoridades de evitar actos masivos, algunos colegios celebraron durante la mañana el inicio del curso con breves ceremonias.
“A mis hijos les gusta la escuela, ¿pero quién de verdad quiere que termine el verano?”, dijo a EFE Anastasia Zolotariova, una vecina de la localidad de Petropavlivska Borshchahivka, en el distrito de Bucha de la región de Kiev.
Zolotariova y sus dos hijos han vuelto a casa para empezar el curso tras pasar buena parte del verano viajando para evitar la exposición al humo que ha cubierto su localidad de forma recurrente debido a repetidos ataques rusos contra la zona.
Sólo en las últimas 72 horas ha habido dos ataques con drones a una distancia de aproximadamente un kilómetro de su casa. Y, durante la noche pasada, un ataque con misiles ruso mató a al menos 13 personas en la propia región de Kiev.
“Algunas escuelas públicas han suspendido las ceremonias. Harán clases por internet durante la primera semana y luego verán cómo está la situación”, dijo Zolotariova.
La escuela privada a la que van sus hijos planeó celebrar la ceremonia en un refugio antiaéreo en caso de que las alarmas que anuncian la llegada de misiles y drones sonaran en el intervalo de tiempo programado para el acto.
“Nunca estamos tranquilos del todo sobre la seguridad de nuestros hijos, pero no podemos evitar acostumbrarnos al peligro”, dijo la madre.
Igual que otros padres, Zolotariova ha recibido instrucciones detalladas de su escuela: los niños no deben ir a clase si hay ataques masivos con misiles; cuando los ataques son sólo con drones, los menores pueden acudir a su centro y deben bajar inmediatamente a los refugios.
Estas medidas buscan un equilibrio entre la seguridad y la necesidad de mantener los estándares educativos después de cuatro años y medio de agresión militar rusa.
Desde el comienzo de la invasión a gran escala, Rusia ha destruido 423 instituciones educativas y ha causado daños en 4.227 más, según datos oficiales de Ucrania.
Un 80 % de las escuelas ucranianas tienen ahora acceso a refugios antiaéreos, según el Ministerio de Educación. Pero los refugios no resuelven siempre los problemas.
En zonas cercanas al frente los drones rusos llegan en cuestión de unos pocos minutos, lo que deja poco tiempo a los escolares para llegar a los refugios. Las clases son difíciles de hacer dentro de refugios atestados, muchos de los cuales no tienen espacio suficiente para albergar a todos los alumnos a la vez.
Ante esta situación, entre 700.000 y 800.000 menores estudian en formato híbrido, con la semana dividida por días entre clases presenciales y clases a distancia.
Este régimen se utiliza en ciudades como Járkov, la segunda más grande del país y una de las urbes ucranianas más cercanas tanto al frente como a Rusia. En la ciudad funcionan decenas de escuelas bajo tierra que no tienen capacidad para albergar a todos sus alumnos.
A esta situación se ha sumado recientemente la destrucción en ataques rusos de 1,2 millones de libros de texto. Mientras el Gobierno imprime nuevos ejemplares de estos libros se utilizarán versiones en formato digital.
Unos 200.000 estudiantes que viven cerca del frente estudiarán en un régimen plenamente remoto, al igual que lo harán unos 400.000 niños ucranianos refugiados fuera de las fronteras de su país, según la diputada Irina Borzova, que forma parte del Comité de Asuntos de Juventud del Parlamento.
Las clases a distancia son la única opción para los alumnos del instituto de Gontarivka, un pueblo de la región de Járkov situado a sólo 15 kilómetros del frente.
“A pesar de todo estamos trabajando y eso es lo más importante”, dijo a EFE la directora, Liudmila Mironenko, tras dar este martes por la mañana la primera clase del año a través de una plataforma digital diseñada para ello.
Todos los niños y los profesores, entre ellos Mironenko, se fueron hace tiempo del pueblo, que sigue siendo atacado por los drones rusos. El edificio del instituto está completamente destruido, dice la profesora, que muestra fotos de lo que queda de la construcción sin techo y con lo que antes eran las clases cubierto de escombros.
“Los rusos creen que nos destruirán, pero esto no ocurrirá. Seguiremos enseñando a nuestros niños pase lo que pase”, dijo Mironenko desafiante.
