Especialistas gubernamentales y de ONG destacaron un escenario con claroscuros para el sector primario brasileño durante el IV Foro Latinoamericano de Economía Verde (FLEV), que la Agencia EFE organiza en la ciudad de São Paulo.
"El modelo de monocultivos y agroexportador muestra cada vez más sus límites", afirmó Thiago Reis, líder de la estrategia de mercados libres de deforestación y conversión de WWF-Brasil.
Por un lado, el país ha avanzado con proyectos que buscan rastrear los orígenes del ganado bovino y de una variedad de cultivos para prevenir la deforestación y garantizar la seguridad sanitaria.
Acuerdos como la moratoria de la soja, firmada entre grandes comercializadoras de grano en 2006 para frenar las compras de producto cultivado en áreas deforestadas, ayudaron a reducir drásticamente la tala en la Amazonía.
"El sector ha hecho un esfuerzo para la trazabilidad, para un uso ambientalmente correcto y atender las exigencias del mercado internacional", dijo Gabriel Chelis, especialista de la APEX, la agencia brasileña de promoción de las exportaciones.
Pese a estos esfuerzos, la Unión Europea suspendió a partir de este jueves la importación de carne brasileña por el uso de antibióticos en su producción.
Además, las empresas comercializadoras de soja se retiraron de la moratoria este año y hay señales de que los esfuerzos de trazabilidad son insuficientes.
"El cacao está 100 % rastreado, pero hay otras cadenas de producción como la de la soja que están muy atrasadas", apuntó Eduardo Trevisan, director de Certificación de la ONG Imaflora.
A este escenario se une la llegada del fenómeno de El Niño, que aumenta las temperaturas y reduce las precipitaciones en la región amazónica y puede tener un impacto importante en la agropecuaria.
En este contexto, los expertos destacaron la necesidad de seguir avanzando por el camino de la sustentabilidad.
Para Reis, de WWF-Brasil, la solución reside en la propia selva amazónica, que tachó de "hacienda de la bioeconomía" debido a la presencia de plantas endémicas que dan frutos como el açaí, el cacao o el guaraná y que los pueblos indígenas cultivan desde hace generaciones.
"La selva es un activo de Brasil y hay que aprender de la tecnología de los pueblos originarios", afirmó.
Por su parte, Trevisan, de Imaflora, apuntó a la utilidad de certificados y sellos para productores que usan buenas prácticas, frente a sanciones como la de la Unión Europea contra la carne.
"Son herramientas para proteger a los productores de posibles barreras sanitarias y mandar un mensaje", dice.
Pero las soluciones no pueden detenerse en los límites nacionales y deben ser regionales, según Heithel Silva, coordinador del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
"Brasil es una referencia en producción de alimentos, pero esas herramientas se tienen que poner al servicio de otros países vecinos para crear una agenda regional", afirmó.
