Los hermanos insisten ante el agente S. Timaldina en que están "bastante seguros" de haberlo encontrado, pero el policía vuelve a mirar las imágenes y les advierte de que no son los únicos. "Por este cuerpo han venido tres familias", les dice.
Lo que tienen delante es uno de los más de 1.250 cadáveres o restos humanos recuperados hasta el momento por la Policía de Nepal, mientras otras 4.216 personas siguen desaparecidas. De esas recuperaciones, 427, casi cuatro de cada diez, son únicamente partes de cuerpos y 911 siguen sin identificar.
Apenas 95 víctimas han podido ser entregadas a sus familias.
En la entrada de la morgue, las autoridades han colocado fotografías de los muertos que todavía no tienen nombre para que quienes llegan intenten reconocer lo que puedan, un rostro, una prenda, una cicatriz, un diente. Algunas muestran cuerpos enteros y otras apenas fragmentos recuperados después de que el agua y el lodo los arrastraran durante kilómetros.
Afuera, decenas de personas aguardan mientras un grupo de mujeres ofrece bebidas a las familias de los desaparecidos. Tras el portón, el olor a descomposición lo invade todo. Cada vez que una ambulancia queda vacía, un operario limpia el interior con una manguera a presión y el agua que corre hacia los sumideros sale mezclada con barro y restos de sangre.
Sobre las camillas reposan bultos envueltos de formas irregulares, algunos sin el contorno reconocible de un cuerpo entero. Un hombre reparte varillas de incienso encendidas y quienes esperan se las acercan directamente a la nariz para soportar el olor. Entre trabajadores con trajes forenses queda una hilera de bancos para las familias que deben entrar a mirar un cadáver. Casi todos están vacíos.
Los hermanos ya habían pasado por allí dos días antes. Preguntaron, recorrieron las fotografías y se marcharon sin su padre. Al regresar traen una certeza de antes de la riada, cuando desapareció vestía una camiseta azul y una chaqueta encima.
Timaldina lleva más de una semana viendo llegar cuerpos y restos y varios días siguiendo en particular el que reclaman los muchachos. La Policía conserva dos fotografías tomadas durante su recuperación y el agente decidió ocuparse personalmente del caso porque llevaba demasiado tiempo sin identificar. "Su familia merece saber más", dice.
Los chicos empiezan por lo que todavía puede compararse.
En una de las fotografías policiales, la parte inferior del cadáver apenas se ve. Timaldina busca otra imagen y señala una lesión en una pierna. El cuerpo fue sacado con cuerdas y, explica, en aquel momento la prioridad era recuperarlo y trasladarlo al hospital, no fotografiar cada detalle.
Uno de los jóvenes amplía una fotografía de su padre. Hay una marca que parece estar en el mismo lugar que la del cadáver y los hermanos vuelven sobre ella, pero Timaldina lleva más de una semana viendo lo que la riada hace con los cuerpos y sabe que una coincidencia también puede engañar.
Levanta un brazo y se golpea el antebrazo con el puño cerrado frente a ellos. Un solo impacto puede dejar una señal, les explica, y un cuerpo arrastrado por una corriente como aquella puede golpearse una y otra vez.
"Con la fuerza con la que el agua los arrastró, cualquier cosa pudo ocurrir", dice.
La marca que los acerca a su padre también puede no haber estado allí cuando estaba vivo.
Tres familias han llegado al mismo cadáver convencidas de reconocer algo suyo.
Timaldina busca entonces otra clase de prueba. Conserva el contacto del policía que participó en la recuperación y cree tener también el número de quien rellenó el parte sobre el lugar donde apareció y el estado en que fue encontrado. Si las fotografías no bastan, puede intentar reconstruir desde allí el recorrido del muerto.
El tiempo también juega en contra, los hermanos explican que otros familiares habían visto fotografías anteriores de ese cadáver, cuando todavía estaba menos descompuesto. Ahora tienen que cotejar aquellos recuerdos, las imágenes policiales y las fotografías familiares que guardan en sus teléfonos.
En unas está su padre antes de la riada, con el rostro, la ropa y el cuerpo que ellos conocen. En las otras está lo que el agua permitió recuperar.
Los chicos vuelven a mirar la frente, la pierna, la ropa; saben cómo reconocer a su padre. Lo que ya no saben es si este cuerpo conserva algo que pueda probar que es él.
