El Parlamento respaldó al nuevo Ejecutivo con 62 votos a favor y ocho en contra, de un total de 120 diputados, horas después de que la presidenta interina de Kosovo, Albulena Haxhiu, encargara a Kurti formar Gobierno tras la victoria de su partido, el Movimiento Autodeterminación (LVV), en las elecciones del 7 de junio.
En la sesión participaron diputados del LVV y representantes de las minorías serbia, turca, bosnia y romaní.
En los últimos comicios, el LVV obtuvo el 47 % de los votos y 53 escaños, por lo que Kurti necesitaba al menos ocho apoyos adicionales para alcanzar la mayoría absoluta de 61 diputados, y esos votos llegaron de representantes de las minorías no serbias.
Los ocho votos en contra procedieron de la Lista Serbia, principal formación de la minoría serbokosovar.
Los diputados de los tres principales partidos de la oposición, el Partido Democrático de Kosovo (PDK), la Liga Democrática de Kosovo (LDK) y la Alianza por el Futuro de Kosovo (AAK), boicotearon la sesión al considerar inconstitucional el procedimiento.
Según la oposición, los plazos para constituir el Parlamento expiraron en agosto y Haxhiu dio este domingo por constituida la Cámara pese a que aún no había sido elegido uno de sus cinco vicepresidentes, un requisito que consideran necesario para completar formalmente el proceso.
El nuevo gabinete apenas presenta cambios respecto al anterior: Glauk Konjufca continuará como viceprimer ministro primero y ministro de Exteriores, mientras que Ejup Maqedonci seguirá al frente de Defensa.
El LVV, un partido nacionalista de izquierda, liderado por Kurti, gobierna Kosovo desde 2021 y ha ganado las tres últimas elecciones legislativas, celebradas en febrero de 2025, diciembre de 2025 y junio de 2026.
En su primer discurso como nuevo primer ministro, Kurti, de 51 años evitó referirse directamente al diálogo con Serbia y centró su programa en la economía, las políticas familiares y de educación, la sanidad y la defensa.
El primer ministro prometió invertir más de 1.000 millones de euros en defensa durante los próximos cuatro años y desarrollar una industria militar propia centrada en munición, drones, robots y otras tecnologías.
También fijó como objetivo un crecimiento económico medio anual del 6 %, duplicar las ayudas por hijo y elevar el salario medio del sector público por encima de los 1.000 euros mensuales.
Kurti ha tensado las relaciones con EEUU y la Unión Europea por su estrategia de reducir la influencia de Belgrado sobre la minoría serbia del norte de Kosovo.
En los últimos años, el Ejecutivo impulsó medidas como la sustitución de matrículas serbias por kosovares, la prohibición del uso del dinar serbio y el cierre de instituciones financiadas por Belgrado en territorio kosovar.
Estas decisiones fueron recibidas con críticas tanto en Bruselas como en Washington, que acusaron a Pristina de adoptar medidas unilaterales que aumentan la tensión regional y hacen más difícil encontrar acuerdos con Belgrado.
La estabilidad del Gobierno dependerá de la elección de un nuevo presidente por parte del Parlamento, una cuestión que podría llevar a unas nuevas elecciones legislativas si vuelve a fracasar.
La incapacidad del Parlamento para elegir jefe del Estado en tres votaciones celebradas esta primavera provocó su disolución automática en abril, tal como establece la Constitución, y llevó a la convocatoria de las elecciones anticipadas del pasado 7 de junio.
En las dos primeras votaciones es necesaria una mayoría de dos tercios, es decir, 80 votos, y si ningún candidato alcanza esa cifra, hay una tercera ronda entre los dos más votados y basta entonces con la mayoría absoluta, 61 votos.
Kurti alcanzó a finales de agosto un acuerdo con la opositora LDK para apoyar como candidato presidencial a Bekim Sejdiu, un jurista de 51 años.
Entre ambos partidos suman 71 escaños (53 del LVV y 18 de la LDK), pero varios diputados de la LDK ya han anunciado que no respetarán el pacto y el boicot de esa formación a la sesión de investidura alimenta las dudas sobre si el acuerdo para elegir presidente sigue vigente.
Kosovo, un territorio de unos 1,6 millones de habitantes y mayoría étnica albanesa, proclamó de forma unilateral su independencia de Serbia en 2008, una decisión que Belgrado sigue sin reconocer y que tampoco es aceptada por China, Rusia y cinco Estados de la UE (España, Eslovaquia, Rumanía, Grecia y Chipre), entre otros.
