De acuerdo con el documento, la proporción es más del doble del promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, que se situó en 9,1% hace dos años.
Según el organismo, dependiendo del país, puede tratarse de docentes que tienen las cualificaciones académicas, pero carecen de la certificación o formación docente requerida; pueden tener la formación docente pero no las cualificaciones académicas exigidas; o que carecen de ambas.
Estos resultados contrastan con un panorama positivo dentro del sistema educativo chileno, en el que se destacó el aumento del país en su inversión pública y la reducción de la deserción escolar.
El dato sobre la cualificación de los docentes chilenos se suma a que el 3,6 % de las plazas docentes de educación secundaria pública en el país sudamericano permanecían sin cubrir al inicio del año escolar 2024.
El 8,4 % de los profesores chilenos plenamente cualificados, por su parte, abandonó la profesión entre 2024 y 2025, en comparación con el 6,4 % promedio de la OCDE.
Los docentes de secundaria baja, sin embargo, cumplen con el estándar de requisitos mínimos de nivel educativo en 98 %, casi 10 puntos por encima del promedio de la OCDE, de 89%.
Los indicadores sitúan también entre los principales desafíos de Chile el nivel de gasto por estudiante, la cobertura de educación inicial y la proporción de adultos con estudios terciarios.
Entre los resultados favorables, el porcentaje de jóvenes entre 25 y 34 años sin educación secundaria superior cayó drásticamente del 17 % al 10 % entre 2015 y 2024, ubicándose por debajo de la media de la OCDE de 12 %.
La tasa de finalización de la secundaria superior también tuvo avances, el 88 % de los estudiantes chilenos que comienzan un programa general o de formación profesional completan sus estudios, dentro de los dos años posteriores a la fecha teórica de finalización.
En este aspecto, las mujeres chilenas tienen una probabilidad de 6 puntos porcentuales mayor de completar sus programas de educación secundaria superior que los hombres, una brecha similar a la observada en la mayoría de los países con datos disponibles, según la panorámica.
Este adelanto, sin embargo, contrasta con el porcentaje de jóvenes chilenos de entre 18 y 24 años que en 2025 no estudiaba, trabajaba ni participaba en formación que se cifró en 19 % y, aunque bajó del 21 % de 2015, continúa por encima del promedio de la OCDE que fue de 13 % el pasado año.
En Chile, el gasto público en educación desde el nivel primario hasta el terciario entre 2015 y 2023 pasó de un 4 % al 4,4 % del PIB, mientras que en el conjunto de países de la OCDE -con datos comparables- el promedio disminuyó de 4,4 % a 4,2 % del PIB durante el mismo periodo.
La educación en la primera infancia, en tanto, está rezagada. En 2024, el 79 % de los niños de entre 3 años y la edad de inicio de la educación primaria -6 años en Chile- estaba matriculado, a diferencia del promedio de la OCDE que alcanzó 90 %.
El mismo panorama aparece dentro del nivel educativo alcanzado por la población adulta chilena, que se encuentra por debajo del promedio internacional. El 37 % de los adultos en el país austral tenía estudios terciarios en 2024, frente al 43 % promedio de la OCDE.
En cambio, el 42 % de los adultos chilenos contaba con estudios de educación secundaria superior o postsecundaria no terciaria, una proporción superior al promedio del bloque.
