En un comunicado oficial, las autoridades eritreas informaron de que su país “no tiene otra opción que responder de la misma manera y romper todos los lazos diplomáticos con Etiopía, con todas las consecuencias negativas que esto conlleva”.
El Ministerio eritreo de Asuntos Exteriores calificó de "asombrosas" e "injustificadas" las acusaciones etíopes de hostilidad y denunció a Adís Abeba por mantener una política de “declaración de guerra” desde hace tres años para forzar un “acceso soberano al mar” mediante la eventual invasión de puertos y zonas costeras eritreas.
El Ejecutivo eritreo también afirmó que Etiopía alberga, entrena y arma a "grupos armados de oposición eritrea" para promover un "cambio de régimen" e instigar el conflicto interno.
La contramedida se produjo poco después de que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Etiopía anunció el cierre de su sede diplomática en Asmara y otorgó un plazo de 48 horas a diez diplomáticos eritreos —incluidos representantes acreditados ante la Unión Africana— para abandonar el país, tras acusarlos de implicación en actividades que amenazan la seguridad nacional.
Esta ruptura diplomática echa por tierra el acercamiento iniciado en 2018 con la reapertura de la embajada etíope -acto por el cual el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, recibió el Premio Nobel de la Paz- tras dos décadas de congelamiento por la guerra fronteriza de 1998-2000.
El choque diplomático coincide con el grave recrudecimiento de las hostilidades en la región norteña de Tigré, donde una alianza rebelde encabezada por el Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT) anunció la semana pasada una ofensiva contra las fuerzas federales etíopes.
Adís Abeba acusa a Asmara de financiar a las fuerzas rebeldes, algo que el Gobierno eritreo niega categóricamente en medio del temor internacional a una nueva guerra a gran escala en el Cuerno de África.
