Una obra maestra de la caligrafía china se vende por 22,6 millones de dólares en Hong Kong

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Hong Kong, 9 oct (EFE).- Una excepcional obra de caligrafía de la dinastía Tang, que la historiografía daba por destruida tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha reaparecido tras 81 años para ser vendida en Hong Kong por 177,45 millones de dólares hongkoneses (unos 22,6 millones de dólares, 20,1 millones de euros).

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La pieza, titulada Jishi Tie ('Carta del tiempo acumulado'), es un manuscrito de Yu Shinan (558-638), uno de los cuatro grandes maestros de los inicios de la dinastía Tang (618-907).

El lote se convirtió este miércoles en la estrella de las subastas de otoño de la firma China Guardian en el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong, alcanzando un precio de martillo de 155 millones de dólares hongkoneses antes de tasas y primas, según informó este viernes el South China Morning Post.

La trascendencia de esta obra radica en su naturaleza íntima, ya que, a diferencia del estilo rígido y contenido de los documentos oficiales imperiales de Yu, esta misiva privada muestra su trazo más natural y espontáneo.

En ella, el maestro pregunta a un amigo cómo lleva el frío, alude al deterioro de su propia salud y le pide ver sus últimos trabajos. Hasta su reaparición, el "Epitafio para la princesa Runan", custodiado en el Museo de Shanghái, se consideraba la única muestra superviviente del trazo directo del autor.

El rollo, de 27 por 52,5 centímetros, cuenta con inscripciones y sellos de las colecciones imperiales de las dinastías Ming y Qing, incluidos los de los emperadores Qianlong, Jiaqing y Xuantong (Puyi).

Destaca una anotación de 1598 del célebre crítico de arte Dong Qichang, quien elogió su pincelada "delgada pero poderosa", aunque los expertos aún debaten si es un original o una copia posterior de Mi Fu, maestro de la dinastía Song.

La pista del manuscrito se perdió en la década de 1930, cuando Puyi trasladó parte de la colección imperial a Changchun. Tras el colapso de la ocupación japonesa en 1945, el último emperador huyó y el palacio fue saqueado por soldados, un episodio en el que se quemaron e hicieron pedazos innumerables tesoros, por lo que durante décadas expertos dieron la obra por destruida.

Su inesperada recuperación el pasado septiembre desató la fiebre entre especialistas, obligando a los organizadores de su exposición previa en Pekín a limitar las visitas a un máximo de dos minutos por persona debido a las masivas aglomeraciones de público.