Los capellanes militares brindan apoyo espiritual a los soldados ucranianos

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Jmelnitski (Ucrania), 18 oct (EFE).- Mikola Luchinskí, responsable de la parroquia más grande de Ucrania, y decenas de sacerdotes más visitan regularmente el frente y mantienen un contacto constante con los soldados ucranianos para proporcionarles un apoyo espiritual esencial en medio del peligro mortal.

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En la pared de una sala del sótano de la iglesia católica de Cristo Rey del Universo en Jmelnitski, en el oeste de Ucrania, cuelgan varios dibujos infantiles. El espacio también está lleno de casquillos de munición disparada, fragmentos de bombas, banderas de unidades militares y fotografías de soldados ucranianos.

"Quería que este lugar tuviera exactamente el mismo aspecto que los refugios excavados en el frente", explicó a EFE Luchinskí, de 42 años, en el museo que creó en 2021 para reflejar la realidad de la guerra, que por entonces se limitaba al Donbás, en el este de Ucrania.

Luchinskí visitó el frente por primera vez en 2016 como voluntario civil, llevando ayuda a la unidad en la que servía su sobrino. Pronto se dio cuenta de que su ayuda como sacerdote era igualmente necesaria.

"En aquel momento, nadie, ni siquiera yo, sabía exactamente cuál debía ser la función de los capellanes militares", recuerda el sacerdote, que desde entonces ha seguido visitando regularmente el frente para celebrar ceremonias religiosas y ofrecer orientación espiritual.

Aunque muchos ucranianos se identifican como cristianos, en su mayoría ortodoxos, pocos militares son profundamente religiosos, más allá de participar ocasionalmente en ceremonias, reconoce Luchinskí.

Algunos soldados están escépticos o enfadados por las circunstancias y reciben al sacerdote preguntándole cómo pudo Dios permitir que estallara la guerra. Luchinskí responde hablando de la libertad de elección dada por Dios a las personas.

Sin embargo, señala que quienes encuentran la fe durante la guerra suelen vivirla con gran intensidad.

La mayoría de los soldados que están en el frente también necesitan apoyo y momentos de oración compartida cuando se enfrentan a situaciones difíciles, tanto en sus familias como en el ejército, de las que no siempre pueden hablar con sus compañeros.

El sacerdote pronto comprendió que lo fundamental era, sencillamente, "estar cerca".

"Lo más importante es generar confianza, rezar, ayudar y estar siempre disponible. Como capellanes, nunca sabemos cuándo pueden necesitar nuestra ayuda", afirmó.

Sus visitas han incluido situaciones extremas, como celebrar una misa en medio de un duelo de artillería.

Sin embargo, el uso generalizado de drones hace que actualmente los capellanes, que no portan armas, rara vez se acerquen hasta las posiciones más avanzadas del frente, para no convertirse en una carga para los soldados en pleno combate.

Luchinskí recuerda a un soldado que lo llamó por internet mientras su posición sufría un intenso bombardeo. Rezaron juntos: el soldado desde su refugio excavado y el sacerdote desde la iglesia, situada a cientos de kilómetros de distancia, mientras se oían explosiones a través del teléfono.

También ha conocido ejemplos extraordinarios de fortaleza espiritual, entre ellos un padre de 14 hijos que se alistó voluntariamente en el ejército y otro soldado que regresó al servicio después de sufrir una grave herida en el rostro.

"Por personas así, que no se quejan y hacen lo correcto, quiero vivir y acudir allí", afirmó el sacerdote, que también ofrece terapia asistida con perros a soldados en rehabilitación en un hospital psiquiátrico local.

La figura del capellán militar se institucionalizó en septiembre de 2022. Desde entonces, más de 300 sacerdotes que representan a 15 confesiones y religiones, entre ellas la ortodoxa, la greco-católica, la católica romana, la protestante, la musulmana y la judía, se han incorporado al ejército tras recibir formación especializada.

"No nos corresponde preparar a los soldados para el combate. De eso se encargan los comandantes. Nuestra misión es llegar a sus almas", afirmó Luchinskí.

Según el sacerdote, aunque los ataques rusos contra las ciudades buscan debilitar la defensa haciendo que la población vuelva su ira contra las autoridades, la situación en el frente es mejor que en muchos años.

Las tropas ucranianas están contraatacando en algunas zonas y los soldados, pese a las bajas, dicen estar dispuestos a luchar hasta el final, explica.

"El mal, si no se le pone freno, se extenderá como una enfermedad. Si dejamos de luchar, Rusia nos destruirá o nos convertirá en esclavos", subrayó.