La lluvia fina y constante, en esta típica mañana gris de otoño londinense, se encargó de deslucir esta novedad, que fue acogida casi sin excepciones con agrado por londinenses y por turistas por igual.
"¡Me gusta! Se siente uno más tranquilo y más seguro", dijo a EFE John, un londinense de mediada edad cuyo gesto adusto bajo el paraguas hacía presagiar otra opinión. Fue precisamente la palabra "seguridad" la más repetida por todos los consultados, que se referían a la peligrosidad que suponía tener tráfico rodado en una calle visitada cada año por 120 millones de personas.
Como las turistas madrileñas Marta y María, habituales de Londres, que destacaban lo fácil que era distraerse con las luces, la publicidad "y el tráfico al revés" y tener un accidente por descuido, algo que no sucederá siendo la calle peatonal. No dudan que la medida responde a un objetivo: "Que la gente gaste más y pase más tiempo en las tiendas".
Por un curioso reflejo psicológico, los visitantes seguían prefiriendo caminar por las aceras en este primer lunes sin vehículos, pese a que agentes de distintas organizaciones se encargaban de animar al público a hacer suyo el espacio que hasta ayer les estaba vedado.
El tramo peatonalizado es el que acoge las enseñas más internacionales: Zara, Oysho, Uniqlo, Nike, Mango o los grandes almacenes John Lewis, que serán presuntamente los más favorecidos por esta medida, pero hoy era difícil calibrar la diferencia.
"Mire usted, los clientes de hoy son como los de cualquier lunes, pero claro, con esta lluvia...", se lamentaba un dependiente de la tienda de calzado Sketchers. También él sumó su voz a los "me gusta" que se escuchaban en toda la calle.
Activistas de 'Living Streets', una ONG que milita justamente por la peatonalización de los espacios públicos, caminaban por Oxford Street recogiendo opiniones de los visitantes y decían no haber encontrado una sola contra la nueva medida.
"Llevamos diez años abogando por esta medida -dijo a EFE Zack Vainy, de la organización- La peatonalización trae beneficios a los comercios, conecta a las comunidades y vuelve a convertir a Oxford Street en un destino deseable. Esperemos que solo sea el primer paso para peatonalizar todo el West End", resaltó.
Pese a todo, los autobuses rojos y los taxis negros, tan emblemáticos de la capital británica, no han desaparecido del todo de Oxford Street, porque la peatonalización no ha sido radical y se han mantenido abiertas las avenidas que la cruzan perpedicularmente, por las que el tráfico sigue transcurriendo.
La pandemia del covid-19 supuso un golpe durísimo a la calle más comercial del país. Los locales vacíos crecieron hasta suponer un 13,7 % en 2022, mientras que el precio por pie cuadrado (0,09 metros cuadrados), que había escalado a las 1.100 libras en 2016, se desplomó a 600 en 2021, según cifras que cita el Financial Times.
Para enjugar las pérdidas, muchos dueños de locales vacíos los alquilaron a tiendas de baratijas, golosinas al peso y souvenirs, que degradaron el carácter de la calle. El gobierno tuvo que intervenir acabando con la exención de impuestos para estos comercios de parafernalia de turistas.
Aunque en los últimos años la calle ha recuperado parte de su lustre, las cifras aún no han vuelto a sus años de esplendor, afectadas también por el auge del comercio online. Se espera que la peatonalización ayude en este sentido.
El plan para la peatonalización total de Oxford Street -la de hoy es solo la primera fase- tiene un presupuesto de 150 millones de libras (178 millones de euros) que incluirán la "resignificación" de la calle con nuevos espacios públicos que aún están por definir en sus detalles.
