"Las víctimas hacen muchas acciones, tienen muchos eventos, pero siempre falta un lugar donde poder sentarse a hablar", explica Bedoya a EFE en una entrevista en su espacio, ubicado en Bogotá y concebido también para ofrecer herramientas a periodistas que no tienen el respaldo de un medio de comunicación.
La idea surgió durante su caso ante el sistema interamericano de derechos humanos, después de que el 25 de mayo de 2000 fuera secuestrada, torturada y violada por paramilitares cuando investigaba para el diario colombiano El Espectador.
"No hay nada que me pueda reparar: mi dolor no tiene precio, no tiene una cifra", recuerda que respondió a sus abogadas cuando le preguntaron qué podría ayudarla. Pero sí creyó posible construir herramientas para que otras mujeres no tuvieran que atravesar solas ese dolor.
La casa -blanca, luminosa y con detalles en el violeta de la lucha feminista- alberga auditorio, biblioteca, sala de exposiciones, estudio de pódcast, espacios de trabajo, café y cocina.
El espacio forma parte de las medidas de reparación ordenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH): una de sus salas, bautizada 'Medusa' por la figura mitológica homónima, acoge una exposición sobre la historia de la violencia sexual.
A la entrada, una portada del diario El Espectador llama la atención: bajo el titular "El valor de no callar", aparece la propia Bedoya en primer plano, con la mirada dirigida hacia el techo. Publicada el año pasado, la portada recuerda cuando el general Gallego, a quien la periodista señala como quien ordenó su asesinato, fue llevado a juicio, 26 años después de los hechos.
Bedoya sigue en el periodismo como reportera, columnista y editora de género de El Tiempo, donde busca que la perspectiva de las mujeres atraviese todas las secciones.
Desde las cuatro de la mañana revisa el diario y el portal para comprobar que haya mujeres entre las fuentes y que se proteja la identidad de víctimas y menores.
"Muchas veces se me pasan cosas y ya las veo cuando están al aire, cuando están publicadas. Para mí es la muerte", reconoce.
Cuando empezó a impulsar la campaña No Es Hora de Callar, nacida en 2009, algunos compañeros se burlaban de sus iniciativas y consideraban que sólo le prestaban atención por lo que había vivido. "Pobrecita, que le pasó eso", recuerda que decían.
La campaña se convirtió en una plataforma de formación, promovió una guía y un decálogo para mejorar la cobertura de la violencia contra las mujeres y contribuyó a crear la primera figura de editora de género en Colombia.
La crisis de denuncias de acoso sexual en los medios, que salió a la luz con el caso de Caracol Televisión, también llegó a su periódico. Entre marzo y mayo de 2026, Bedoya impulsó un ejercicio interno tras el cual varias periodistas volvieron a denunciar presuntos casos de acoso por parte de editores y otras personas de la redacción.
Acudió entonces a la Fiscalía contra un compañero y amigo con quien había trabajado durante más de veinte años, por su presunta implicación en casos de acoso sexual y laboral. La denuncia, que sigue su curso judicial, fue "la decisión más difícil" de su carrera.
"El acoso sexual hay que denunciarlo ante las autoridades y no importa si ese acoso viene de tu papá, de tu hermano, de tu amigo o de la persona más cercana a ti", afirma.
Bedoya insiste en que levantar la voz no siempre significa acudir a la Fiscalía. Los procesos judiciales pueden ser largos y agotadores, como sabe por los 26 años que lleva buscando justicia por la agresión que sufrió.
A veces, explica, el primer paso es encontrar acompañamiento y conseguir que la violencia se detenga.
"En el año 2000 simplemente era una reportera que documentaba y denunciaba, y hoy me convertí en una voz potente que intenta cambiar de alguna manera la realidad de las mujeres", resume.
Tras un cuarto de siglo de lucha, Bedoya reconoce que ha renunciado a encontrar justicia por la violencia sexual que sufrió y ha decidido darle otro significado a esa búsqueda.
"Mi justicia era tener este centro, mi justicia era poder potenciar la voz de otras mujeres que sufren lo mismo o peores cosas que las que yo tuve que afrontar", explica.
