El ataque tuvo lugar la noche del miércoles contra la casa del jeque Mansour Hayel Sinan y causó un total de trece víctimas, siete muertos y seis heridos, todos ellos niños, según un comunicado difundido por las autoridades insurgentes.
En la nota, condenaron "enérgicamente" el bombardeo, calificándolo de nuevo crimen contra la población civil, y acusaron a Arabia Saudí de perpetrar graves violaciones contra civiles y bienes de carácter civil.
Asimismo, consideraron que el ataque contra una vivienda habitada constituye una violación flagrante del derecho internacional humanitario y de los principios de derechos humanos, y responsabilizaron plenamente a Riad de las víctimas mortales y los heridos.
Las autoridades hutíes instaron a la comunidad internacional, a Naciones Unidas y a las organizaciones humanitarias y de derechos humanos a condenar el ataque, adoptar medidas para detener las violaciones y exigir responsabilidades a sus autores.
El bombardeo se produce en un contexto de intensificación de las hostilidades en el Yemen desde mediados de julio, con un aumento de las operaciones militares de los rebeldes hutíes contra objetivos saudíes y de la contraofensiva de las fuerzas gubernamentales yemeníes, respaldadas por Riad.
La escalada ha incluido ataques hutíes con misiles balísticos y drones contra instalaciones militares y estratégicas de Arabia Saudí, así como bombardeos de la coalición encabezada por ese país contra territorios bajo control insurgente.
Arabia Saudí lidera desde 2015 una coalición militar que interviene en el Yemen en apoyo del Gobierno internacionalmente reconocido, frente a los rebeldes hutíes, que controlan la capital, Saná, y amplias zonas del norte y el oeste del país.
