"Ante el peligro de una nueva guerra en la región, reitero mi advertencia contra arrastrar al Líbano a una nueva aventura inútil al servicio de intereses extranjeros y contra involucrarlo en confrontaciones con consecuencias que no puede afrontar", dijo Salam tras finalizar un encuentro con el presidente del país, Joseph Aoun.
"Proteger al Líbano es una responsabilidad nacional que exige priorizar su interés supremo por encima de todo, además de garantizar que las decisiones sobre la guerra y la paz recaigan exclusivamente sobre el Estado y sus instituciones", agregó el jefe de Gobierno, según un comunicado emitido por su oficina.
Sus declaraciones se producen entre crecientes miedos a que Hizbulá decida atacar objetivos israelíes en caso de una reactivación del conflicto entre su aliado Irán y Estados Unidos, algo que ya hizo el pasado marzo, desatando una cruenta ofensiva del Estado judío que ha dejado más de 4.300 muertos.
La última guerra entre el grupo chií e Israel, la segunda en menos de año y medio, también resultó en una ocupación israelí al sur del Líbano que aún continúa, mientras los gobiernos de ambos países mantienen negociaciones en punto muerto desde hace meses.
En este contexto, el primer ministro aseguró que su Ejecutivo no permitirá que el Líbano se convierta una vez más en escenario de "conflictos ajenos", en referencia a Teherán, mecenas de Hizbulá, y consideró que es su deber "hacer todo lo posible para evitarle una nueva guerra".
Tras más de ocho meses de hostilidades intermitentes, Teherán y Washington retomaron hace más de una semana sus negociaciones indirectas, pero anoche mismo el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, señaló que la respuesta de Estados Unidos a su última propuesta “no ha sido convincente”.
