“Aún estoy extasiado con el significado de esa victoria, porque no fue una victoria solo para Brasil. Fue una victoria para el mundo”, aseguró el líder progresista en una transmisión en vivo en redes sociales en la que conmemoró su reelección ante cerca de 700.000 internautas conectados.
El mandatario brasileño agregó que lo más importante de su victoria fue que en la misma semana Netanyahu perdió las elecciones en Israel y “me parece que mi amigo Trump está perdiendo” en las legislativas de Estados Unidos.
“Por lo tanto, fue una victoria extraordinaria del pueblo brasileño y la lección para el mundo: la población brasileña se levantó y dijo que Brasil no acepta ser el patio trasero de nadie”, dijo.
La declaración fue una referencia a su insistencia durante la campaña electoral en la defensa de la soberanía nacional frente a su rival, el senador opositor Flávio Bolsonaro, que supuestamente defendía los intereses de Estados Unidos.
“Mientras yo besaba la bandera brasileña en los mítines, mi adversario tomaba la americana (estadounidense) y la besaba”, dijo.
Agregó que, tras su derrota, el hijo primogénito del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) huyó a Estados Unidos y le transmitió su mala suerte a Trump, cuyo partido, el Republicano, sufrió una dura derrota en las elecciones legislativas del martes.
Según Lula, Flávio Bolsonaro fue a “buscar protección” en Estados Unidos, pero “tendrá que regresar a Brasil para enfrentar los procesos en su contra en el país”.
El senador opositor, que enfrenta dos procesos por lavado de dinero en la Corte Suprema, abandonó Brasil un día después de que el tribunal ordenara la retención de sus pasaportes.
Interrogado sobre si su victoria se había convertido en motivo de inspiración para el progresismo mundial y precedido la derrota de Trump y la renuncia del presidente de Paraguay, Santiago Peña, Lula prefirió evadir la respuesta y tan solo dijo que se siente “un poco triste por ellos”.
El mandatario recordó que tuvo una conversación con Trump en la que instó al presidente estadounidense a decidir si quería ser un líder temido o un líder amado, “porque las personas quieren escuchar a los líderes amados pero se esconden de los temidos”.
El jefe de Estado afirmó que el verdadero responsable por la remontada que le garantizó la reelección tras haber sido el segundo candidato más votado en la primera vuelta fue la movilización de la población brasileña, especialmente las mujeres, los jóvenes y los ancianos, que salieron a las calles para apoyarlo.
Dijo que esa movilización popular aumentó su responsabilidad para el nuevo mandato, ya que tendrá el desafío de corresponder a la confianza que le depositaron sus electores y cumplir todos los compromisos que asumió durante la campaña.
“Ahora tengo más miedo que el que tenía en mi primer mandato (2003-2006). No puedo traicionar el imaginario de ese pueblo que creyó. No puedo. Tengo que hacer todo lo que prometimos y mucho más”, afirmó.
Durante la transmisión, Lula admitió que siempre confió en su reelección pero que sintió una gran “frustración” al salir como segundo más votado en la primera vuelta.
“Yo creí que teníamos munición para ganar las elecciones en la primera vuelta. Mi decepción fue cuando perdimos. No lo creía. Demoré cinco segundos para percibir que había perdido, pero, en lugar de buscar culpables, me pregunté qué fue lo que no hice mal. Porque hay que buscar la culpa primero en nosotros”, afirmó.
