El 6 de noviembre de 1986, el entonces presidente, el republicano Ronald Reagan (1981-1989), firmó la Ley de Reforma y Control de la Inmigración (IRCA, en inglés), considerada un hito en la historia del país.
"Esta ha sido la única vez en nuestra historia que se ha implementado un programa de regularización. Resulta llamativo que un país que se enorgullece de ser una nación de inmigrantes solo haya recurrido a esta medida en una ocasión", dice a EFE Muzaffar Chishti, investigador del Instituto de Política Migratoria (MPI), que participó en las negociaciones y la implementación de la IRCA.
El objetivo principal de la ley era reforzar la seguridad fronteriza, detener la inmigración indocumentada y establecer sanciones para los empleadores que contrataran a extranjeros sin estatus legal.
Pero la "amnistía de Reagan", como se conoce a la medida, también benefició a cerca de tres millones de inmigrantes indocumentados, incluidos 1,3 millones de trabajadores agrícolas, que demostraron su residencia continua en el país desde antes del 1 de enero de 1982.
Para Chishti, la relevancia histórica de esta reforma también radica en que se aprobó durante el mandato de un presidente republicano. Según sus investigaciones, Reagan fue "el principal artífice" de la medida, a pesar de que el Partido Republicano mantenía una política claramente antiinmigrante.
"De no haber sido Reagan el presidente, esto no habría sucedido; se requería alguien como él —con su influencia y su peso político— para convencer a los miembros de su propio partido de dar un paso así", remarca el investigador.
El aniversario de la ley cobra relevancia porque coincide con la derrota del Partido Republicano en las elecciones del pasado martes, cuando perdió el control del Congreso, en parte por la dura política migratoria implementada por el presidente estadounidense, Donald Trump.
Una encuesta a pie de urna de Associated Press (AP) realizada el pasado martes encontró que aproximadamente el 60 % de los votantes considera que las medidas de control migratorio de la Administración Trump han ido demasiado lejos.
Charles Kamasaki, autor de "Immigration Reform: The Corpse That Will Not Die" (2019), en el que reconstruye la historia legislativa de la IRCA y los sucesivos intentos de reformar el sistema migratorio estadounidense, señala que el hecho de que ambas reformas se produjeran bajo gobiernos republicanos no significa que compartieran la misma visión sobre cómo abordar la inmigración.
"Mientras que las administraciones anteriores intentaron diseñar un sistema migratorio equilibrado, la Administración del presidente Trump se ha centrado exclusivamente en un solo aspecto: el control migratorio", opina a EFE el experto, asesor de UnidosUS.
Tanto Kamasaki como Chishti, coautores del informe "IRCA in Retrospect: Guideposts for Today's Immigration Reform", consideran que la principal lección de la reforma es que combatir la inmigración irregular únicamente mediante controles fronterizos, sanciones y restricciones laborales no resuelve el problema si no se ofrecen alternativas legales a los extranjeros que necesitan trabajar y vivir en Estados Unidos.
Los investigadores también señalan que las sanciones a los empleadores, las dificultades para verificar la autorización de trabajo y el retraso en la financiación de las medidas de control contribuyeron a que la reforma no cumpliera uno de sus principales objetivos: reducir la inmigración indocumentada.
A esto se suma que la IRCA dejó a cientos de miles de inmigrantes en situación irregular, una condición en la que, en la mayoría de los casos, aún permanecen.
Pese a las deficiencias de la ley, Kamasaki considera que una de las principales lecciones de la IRCA es que las reformas migratorias requieren capacidad de negociación y disposición a aceptar concesiones, incluso cuando no satisfacen todas las demandas de quienes las defienden y se considera que "se está negociando con el diablo".
A su juicio, el impacto de esos acuerdos debe medirse también por sus consecuencias a largo plazo.
"La IRCA no era una ley perfecta, pero hoy desafío a cualquier defensor de los inmigrantes a que me diga que no debí haber aceptado aquel compromiso. No lograban comprender la relevancia que tendría muchos años después", puntualizó.
