Fiebre amarilla y cólera tras Triple Alianza

Este artículo tiene 12 años de antigüedad
Imagen sin descripción

BUENOS AIRES. Las epidemias de fiebre amarilla y cólera que azotaron a Argentina a partir de 1867 fueron una de las consecuencias sanitarias y sociales de la Guerra de la Triple Alianza e introducidas en el Río de la Plata por los soldados brasileños.

Un buque con soldados brasileños que arribó en febrero de 1867 al frente de batalla portaba el cólera entre sus tripulantes y la enfermedad inmediatamente se contagió a los aliados argentinos y posteriormente a los batallones paraguayos, rememora el libro “200 años de políticas sanitarias en Argentina”.

En los hospitales militares, la mortandad a causa del cólera alcanzó altos porcentajes y la epidemia se extendió luego al territorio argentino, expandiéndose en primer término hacia la ciudad de Rosario (sobre el Río Paraná en el litoral argentino) y finalmente descendió hasta Buenos Aires.

En Buenos Aires, el cólera pasó del puerto a los barrios populosos y posteriormente se esparció en el interior del país, a través de los habitantes de la ciudad que buscaron refugio en aldeas y parajes de la campaña.

La epidemia de fiebre amarilla se manifestó primero entre los soldados brasileños que en 1870 estaban destacados en Asunción, quienes lo introdujeron desde su país, donde era una enfermedad endémica desde 1850.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Los soldados y los prisioneros que regresaban de la Guerra del Paraguay portaron consigo la epidemia que comenzó por diezmar a las poblaciones de Corrientes (litoral argentino) y Rosario.

En la ciudad de Corrientes -limítrofe con Paraguay-, de 11.000 habitantes fallecieron 2.000, de acuerdo a los registros de la época.

La fiebre amarilla a comienzos de 1871 ingresó a la ciudad de Buenos Aires donde provocó la muerte del 8% de la población.

El cementerio del Sur, existente en ese momento, resultó insuficiente y las autoridades debieron habilitar otro de urgencia de siete hectáreas, bautizado “Chacarita”, que aún es la principal necrópolis de la capital argentina.

El escritor Jorge Luís Borges le dedicó un poema a su creación: “Porque la entraña del Cementerio del Sur fue saciada por la fiebre amarilla hasta decir basta; porque los conventillos hondos del sur mandaron muerte sobre la cara de Buenos Aires y porque Buenos Aires no pudo mirar esa muerte, a paladas te abrieron en la punta pérdida del oeste, detrás de tormentas de tierra y del barrial pesado y primitivo que hizo a los cuarteadores”.

La epidemia de fiebre amarilla, uno de los acontecimientos históricos que quedó instalado en la memoria colectiva de los argentinos, fue negada en sus orígenes por las autoridades que estaban ocupadas en preparar el carnaval, pero en poco tiempo se pasó de la indiferencia al espanto, señala el libro editado por el Ministerio de Salud de Argentina.

Ante la desidia de las autoridades y la decisión del presidente Domingo Sarmiento de alejarse de Buenos Aires hacia el interior para evitar el contagio, miles de vecinos organizaron una comisión popular de Salud Pública.

Durante la epidemia hubo saqueos y se inauguraron las fosas colectivas para enterrar a las víctimas. La cifra de muertos nunca fue confirmada pero la Asociación Médica Bonaerense en junio de 1871 calculó 13.614 fallecimientos a causa de la fiebre amarilla.

“200 años de políticas sanitarias” es un libro de excelente calidad estética de más de 350 páginas, ilustrado con documentos históricos inéditos y que abarca desde la época colonial a la actualidad, en una edición bilingüe español e inglés que fue presentada por el ministro de Salud, Juan Manzur.