Campos de reeducación en Xinjiang enfrentan a chinos y uigures en la ONU

GINEBRA. El uso de campos de reeducación en la región noroccidental china de Xinjiang, donde se estima que un millón de musulmanes uigures están confinados, es uno de los temas candentes en el actual Consejo de Derechos Humanos.

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China defendió sus acciones en Xinjiang en este foro, que durante tres semanas trata con encuentros de alto nivel la situación de las libertades fundamentales en el mundo, aunque activistas uigures han llegado a hablar de “genocidio” de su pueblo en una conferencia celebrada en la sede europea de la ONU.

“La parte de nuestro pueblo que ha sobrevivido a la ocupación china desde 1949 corre el riesgo de extinguirse”, aseguró en el acto el vicepresidente de la organización Congreso Mundial Uigur, Seyit Tumturk.

Las denuncias de reclusión de un millón de uigures (de un total de ocho millones de habitantes de Xinjiang) “muestran una opresión que busca la asimilación o incluso el genocidio”, aseguró Tumturk.

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Funcionarios chinos presentes en la conferencia dijeron a gritos, al término de la conferencia, que esas acusaciones “carecían de sentido”.

De hecho, China ha organizado una exposición fotográfica, en la que ofrece su propia versión respecto a Xinjiang, y la ha instalado justamente al lado de la sala en la que hablaron los defensores del pueblo uigur.

Junto a fotos de uigures y chinos de la etnia mayoritaria Han conviviendo felices, se asegura que en el pasado “los grupos étnicos de Xinjiang sufrieron la opresión de fuerzas extranjeras invasoras” pero que con la fundación de la República Popular en 1949 se sentaron las bases para que todos “disfruten de los derechos humanos básicos”.

La existencia de los campos de reeducación, que China reconoció el pasado octubre tras años de negación, fue condenada por el Parlamento Europeo, aunque por ahora el mayor crítico en la comunidad internacional es Turquía, país que comparte lazos históricos y culturales con los uigures.

Ello explica que en el segmento de alto nivel del Consejo de Derechos Humanos, la semana pasada en Ginebra, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, expresara su preocupación por las acciones de China contra los uigures, que Pekín afirma que tienen que ver con la lucha contra grupos yihadistas en la zona.

“Reconocemos el derecho de China a combatir el terrorismo, pero debería distinguirse entre terroristas y personas inocentes”, señaló el jefe de la diplomacia turca, quien pidió al régimen comunista chino que “garantice que la libertad de religión es respetada y se protege la identidad cultural de los uigures”.

En respuesta a ello, el embajador de China ante Naciones Unidas, Yu Jianhua, señaló que las acusaciones por el trato de Pekín al pueblo uigur “se basan en prejuicios antichinos”.

“China ha adoptado medidas antiterroristas dirigidas a ayudar a aquellos adoctrinados o influenciados por el extremismo para que se libren de esas influencias y se reintegren a la sociedad lo antes posible”, añadió.

Entre este cruce de acusaciones, la alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, denunció hoy en la presentación de su informe anual el frecuente uso en China de “desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias, especialmente en la región de Xinjiang”.

“Esa área es el centro de las Nuevas Rutas de la Seda, que buscan establecer corredores entre Europa, Asia Central y del Sur, y estoy convencida de que la estabilidad y la seguridad en la región pueden ser facilitadas por políticas que muestren el respeto de las autoridades a los derechos de todos los pueblos”, concluyó.

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