Estos rituales tienen lugar cada año en esta ciudad del norte de Manila y atraen a miles de turistas.
Filipinas es uno de los países más católicos de Asia, herencia de la larga colonización española.
Este año también participó en la ceremonia un danés de 48 años, a pesar de la prohibición oficial a los extranjeros de hacerlo tras varios incidentes en años anteriores.
El hombre, con una pequeña cámara atada a su cuerpo, se introdujo los clavos en la palma de la mano y en los pies y estuvo diez minutos en la cruz.
Ocho filipinos también se crucificaron y en otros lugares de la ciudad se vio a hombres con la cabeza encapuchada que se flagelaban con varas de bambú.
La policía evaluó en más de 40.000 los turistas en la ciudad, entre ellos 5% de extranjeros.
Ching Pangilinan, el responsable de turismo en la ciudad, indicó que el danés fue autorizado a crucificarse por los responsables de los barrios donde se celebran los rituales.
