Para el pontífice, las vocaciones sacerdotales y religiosas nacen de la experiencia del encuentro personal con Cristo, del diálogo sincero y confiado con él.
El obispo de Roma señaló que la “oración constante y profunda hace crecer la fe de la comunidad cristiana, en la certeza siempre renovada de que Dios nunca abandona a su pueblo y lo sostiene suscitando vocaciones especiales, al sacerdocio y a la vida consagrada, para que sean signos de esperanza para el mundo”.
La respuesta a “la llamada divina” por parte de un discípulo de Jesús para dedicarse al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada “ayuda a mirar con particular confianza y esperanza al futuro de la Iglesia y a su tarea de evangelización”, dijo.
Esta tarea necesita siempre de “nuevos obreros para la predicación del Evangelio, para la celebración de la Eucaristía y para el sacramento de la reconciliación”.
Por eso, el papa pidió a los sacerdotes que sepan acompañar a los jóvenes como compañeros de viaje, “para ayudarles a reconocer, en el camino a veces tortuoso y oscuro de la vida, a Cristo, camino, verdad y vida”.
Igualmente, deseó que los jóvenes, en medio de tantas propuestas superficiales y efímeras, “sepan cultivar la atracción hacia los valores, las altas metas, las opciones radicales, para un servicio a los demás siguiendo las huellas de Jesús”.
“Queridos jóvenes -concluyó-, no tengáis miedo de seguirlo y de recorrer con intrepidez los exigentes senderos de la caridad y del compromiso generoso. Así serán felices de servir, serán testigos de aquel gozo que el mundo no puede dar, serán llamas vivas de un amor infinito y eterno, aprenderán a dar razón de suesperanza".
