El papa Francisco instó hace minutos a los reos del centro de reclusión Palmasola ayudarse a sí mismo para la rehabilitación y no anclarse en rivalidades y bandos. Este reformatorio alberga a cerca de 3.000 reclusos. Recordó que la reclusión no es lo mismo que exclusión. Reclamó una alianza interinstitucional para superar el hacinamiento y la lentitud de la justicia.
“No podía dejar Bolivia sin venir a verles, sin dejar de compartir la fe y la esperanza que nace del amor entregado en la cruz. Gracias por recibirme. Sé que se han preparado y rezado por mí”, comenzó diciendo el Pontífice, ante la atenta mirada de los reclusos.
Una vez más en el trayecto recibió el cariño de los cruceños y los reclusos cuando llegó al reformatorio. Se presentó como una persona que no tenía nada para ofrecerles, “pero lo que tengo y lo que amo, sí quiero dárselos, sí quiero compartirlo: Jesucristo, la misericordia del Padre”. Recordó que Pedro y Pablo, discípulos de Jesús también estuvieron presos, fueron privados de libertad y no cayeron en la desesperación, en la oscuridad que puede brotar del sinsentido; fue la oración: personal y comunitaria. Ellos rezaron y por ellos rezaban.
En otro momento, el Pontífice instó a los presos no quedarse anclado en lo que sucedió. Reconoció que muchas veces hay bajones, pero en la mirada de Jesús se puede poner los dolores, heridas y pecados, porque “en sus llagas, encuentran lugar nuestras llagas, para ser curadas, lavadas, transformadas, resucitadas”
Seguidamente, instó a los reclusos no dar lugar a enfrentamientos y convertir la ocasión de auténtica fraternidad. “Ayúdense entre ustedes. No tengan miedo a ayudarse entre ustedes. El demonio busca la rivalidad, la división, los bandos. Luchen por salir adelante”, resaltó. Pidió a los que trabajan en la cárcel que cumplan un servicio público fundamental; no rebajar, humillar y no afligir.
